En la brumosa penumbra de Finndenyl, donde las aguas fluyen en reversa y los robles se tuercen sobre sà mismos, apenas rozando el perfume olvidado de los viejos dÃas, caminaba Galdric con la cabeza gacha. Sus botas, ajadas como la memoria, resonab...
HabÃa una puerta oculta detrás de la puerta principal de la Antigua Biblioteca de la ciudad. Nadie sabÃa de su existencia salvo quienes despertaban susurrando su nombre en sueños —Wilfrid, ahora quinto año entre los estudiosos del pulmón de ...
En la aldea de Beaulieu, donde los bosques se desgarran en claros de niebla y los senderos crujen bajo la escarcha matinal, los hombres caminan con los ojos bajos. El invierno llega pronto, clava sus colmillos en la madera húmeda y hace que el hamb...
La luna pálida de Esgarda descendÃa sobre el Valle de Onthea, una cicatriz de piedra y negra brea en la piel del mundo. DecÃan que aquel valle habÃa sido antaño un jardÃn de los Altos Señores, pero el tiempo y la ira de los dioses habÃan tri...
El rocÃo aún no se habÃa evaporado cuando Stacha empujó la puerta de su choza. Ni rastro del sol, sólo un cielo gris e indiferente. Las nubes se agolpaban densas sobre los tejados; algunas llevaban dÃas sin moverse, como si el pueblo hubiera o...
Al principio, al menos para los que habitamos este lado del tiempo, la oscuridad de Frith era apenas un matiz sobre la colina más antigua. Desde mi ventana, contemplaba el Mirador sumido en esa penumbra; parecÃa un secreto plegándose sobre sà mi...
--- En las postrimerÃas del año 179 del Ciclo de los Reinos Marchitos, cuando las primeras nieves caÃan lacias sobre las vastedades de Okayrel, la vida se acurrucaba, rezongando, bajo el hielo y la penumbra. Los fuegos de los antiguos baluartes ...
Antes de que la luna roja se alzara sobre los picos fracturados de Jorram, la taberna de la Fronda Dorada ya era un hervidero de murmullos mezclados con el humo de brasas viejas y el olor agrio del vino mediocre. A un rincón, donde la llama titilan...
El crepúsculo se habÃa tragado ya la última duda cuando Arleon abandonó las sombras seguras de su cabaña. La humedad del bosque lamÃa sus botas, y cada paso le robaba calor desde las plantas de los pies hasta el pecho. Los ciruelos crecidos ju...
El hedor a sangre era lo primero que notabas en Niraleth, mucho antes de que tus botas tocaran el empedrado antiguo, mucho antes de ver la niebla apagada que se enredaba entre los pilares caÃdos y las gárgolas decapitadas. En Niraleth, la verdad n...
La dazleja, ese curioso crepúsculo que se derramaba como vino rancio sobre la llanura de Arelath, nunca llegaba con la rapidez ni la suavidad con la que uno espera la noche. HabÃa brutalidad en la forma en que el sol se recostaba, mezquino, rasgan...
El viento gemÃa bajo las bóvedas oscuras del Bosque de Mureth, un rumor que parecÃa combinarse con los millones de voces perdidas entre su follaje. AllÃ, bajo la segunda luna creciente, el alto de Kethamar resplandecÃa como el filo de una daga ...
HabÃa una bruma terca esa mañana, abrazando cada esquina de Berden, el pequeño burgo acurrucado entre colinas fatigadas y árboles raquÃticos que parecÃan rezar por un poco más de sol. La vida era un trueque perpetuo, y los inviernos como ese ...
Las montañas del norte sirvieron de frontera durante siglos. No una frontera de esa clase que los cartógrafos dibujan, no una raya que se rompe en triángulos bajo la lupa de los hombres de leyes. Sino la frontera que marca el miedo y el frÃo, el...
HabÃa una vez un reino que no figuraba en los mapas más antiguos, pues su localización fluctuaba, deslizándose entre laderas de realidades sobrepuestas, como bruma atrapada entre los dedos de los dioses cansados. No era difÃcil extraviarse en s...
*** A Maelik el Tuerto se le habÃan acabado las excusas con la primera helada. Encogido en la trastienda de la herrerÃa de Darn, mirando el húmedo resplandor de las brasas apagadas, le pareció oÃr la voz de su hermano muerto en la tormenta: â€...
Las brasas del último fuego murmuraban recuerdos en la gran sala de piedra, allà donde la luna cortaba la oscuridad en delgadas filigranas. Nadie dormÃa en Tarneth la noche del anuncio. Desde la ventana alta, Elsin observaba el bosque inmóvil: u...
La noche caÃa sobre el Bosque de Asmura como una ola de vino negro, denso y frÃo, barriendo los claros y ahogando la última luz del dÃa. El silencio vibraba entre los troncos rojos de los pinos, sus agujas cargadas del peso de un reciente asesin...
Domitila se levantaba cada mañana antes del alba, con los huesos rechinando en el frÃo que se colaba desde la laguna hasta su chabola de adobe. A menudo era la primera en poner los pies en la orilla húmeda, pisando la arena negra y desparramada d...
El viento recorrÃa los torreones de Sakarath con un lamento casi humano, silbando deteniéndose en los ángulos rotos de las almenas como si buscase rincones donde ocultar antiguas verdades. Entre los muros —cubiertos de lÃquenes grises y las ci...
Bajo el cielo teñido de sangre, el viento del norte traÃa consigo el hedor de la derrota y los ecos de un conjuro maldito. Nadie reparaba ya en los estandartes desgarrados, ni en la promesa rota que anunciaban aquellas flámulas caÃdas. Ni siquie...
La sala del trono olÃa muy levemente a violetas y, quizá, a fracaso. Suelo de obsidiana, columnas que parecÃan retorcidas por un dios borracho: asà era la decoración preferida del rey Melquinor, un hombre que consideraba el brillo opulento, y c...
Era una noche que traÃa consigo el peso del invierno, y la bruma espesa descendÃa por las callejuelas de Gilead como una boca hambrienta. Entre las piedras húmedas y las ventanas enteladas, Rema avanzaba con sigilo, ocultando entre los pliegues d...
En las fronteras deslavadas del reino de Torvarn, donde la niebla nunca dormÃa y los caminos eran devorados por raÃces retorcidas, apenas persistÃa el concepto de esperanza. El sol apenas rozaba el suelo en las aldeas, cuyo nombre los mapas ya no...
El reloj marcaba las dos de la madrugada cuando Pilar sintió, por fin, que la ciudad la dejaba respirar. Caminaba sola, la chaqueta desgastada abrazando su figura menuda, entre las aceras húmedas de una Madrid insomne. SabÃa que al cruzar la esqu Leer más...
HabÃa una vez (como si las veces pudieran medirse, y acaso esto fuese un reino donde los relojes se construyen de acuerdo con las leyes estrictas del sentido común) un imperio en el que el sol era una creencia, y las sombras, una ofensa personal. Leer más...
La entrada a la taberna es baja, exigiendo reverencia a todo el que traspasa el umbral, aunque sea sólo ante las vigas viejas que crujen con los inviernos. Afuera, la nieve sigue cayendo pesadamente, cubriendo el barrio obrero de una ciudad sin nom Leer más...
La noche se estrellaba violenta contra las paredes ruinosas de la posada. Afuera, los perros ya no aullaban; sabÃan, como saben los animales que aún tienen instinto, que es mejor ser cobarde cuando la luna brilla roja. Dentro, el aire olÃa a vino Leer más...
Se dice en las tierras vivas de Erazin que hay una hora, apenas oÃda en las alas de los zorros alados y en la zambullida de los peces sin sombra, donde aún arde la posibilidad de la piedad. En esa hora, casi ningún mortal vela, casi ningún dios Leer más...
La noche se deslizaba, lenta y pegajosa, sobre las murallas de Sigr-Anhar, igual que una hoja oxidada quemando la piel de un condenado. En la quinta almena del extremo norte, entre parapetos resquebrajados y charcos de lluvia salobre, Beshir escupià Leer más...
El reloj marcaba las dos de la madrugada cuando Pilar sintió, por fin, que la ciudad la dejaba respirar. Caminaba sola, la chaqueta desgastada abrazando su figura menuda, entre las aceras húmedas de una Madrid insomne. SabÃa que al cruzar la esqu Leer más...
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