En un tiempo anterior a la curvatura de los astros y al encaje de las montañas bajo los ojos húmedos de la aurora, vivía en el confín un hombre llamado Belario, cuyos días se arrastraban entre nieblas y memorias, y cuyas noches, extendidas y son...
En algún recodo secreto del impenetrable país del tiempo –ese reino inmaterial e inextinguible al que vulgarmente llamamos pasado– subsiste un palacio. No lo edificaron hombres, aunque alguna vez los pies humanos hollaron sus salas; no lo habi...
Aquella noche, el vino sabía a promesa. Bajo el dosel orgiástico de la mansión de Criseida, los dioses caídos y los mortales elevados se mezclaban con idéntico desenfreno. Como viejas costumbres olvidadas, el placer y el deseo eran más antiguo...
En el inicio de todo, cuando los árboles aún susurraban los nombres de los dioses muertos y la luna temblaba en un cielo recién nacido, los hombres vivían en el borde del miedo y del asombro. El mundo era joven y viejo a la vez, y las fronteras ...
En cierta época que el recuerdo de los hombres ha ido desfigurando como una pieza de marfil desgastada por el tiempo, los dioses no habitaban aún el desván polvoriento del mito, sino que respiraban el aire de la creación y se mezclaban entre nos...
En la ciudad de los días exhaustos, donde las bombillas parpadean como párpados febriles y el asfalto absorbe más de lo que devuelve, vive gente con los ojos demasiado abiertos y las historias demasiado calladas. Allí, entre trenes que nunca pasa...
En un tiempo anterior a la curvatura de los astros y al encaje de las montañas bajo los ojos húmedos de la aurora, vivía en el confín un hombre llamado Belario, cuyos días se arrastraban entre nieblas y memorias, y cuyas noches, extendidas y son Leer más...
Era una noche en la que el bosque yacía sumido en una atmósfera vaporosa, apenas rasgada por el blanco intenso de una luna repleta de secretos. El silencio era casi absoluto, salvo por el esporádico croar de una rana o el leve crujir de una rama Leer más...
La noche se deslizaba lenta sobre la ciudad como un manto denso, y los fugitivos rayos de la luna apenas se filtraban entre las nubes encrespadas. Esa noche, en el edificio desvencijado de la calle Gómez Ferrer, reinaba el más absoluto de los sile Leer más...
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