Se dice, y quien lo niegue sabrá de la ceguera voluntaria de la sociedad contemporánea, que la respetable Sociedad de Provechosos Inútiles se reunía todos los jueves en el vetusto salón de Willoughby, entre la indescriptible hedentina a cuero y...
En algún lugar del hexágono encantado, cuya memoria me invade como una jaqueca tras ocho copas de ron, vivía el Vizconde de Rocinante, hombre de ilustre apellido y aún más ilustres deudas. Su único legado eran unos pantalones raídos, una bibl...
En el corazón del universo, donde incluso las instrucciones para entender el universo requieren una suscripción trimestral y una buena dosis de desesperación, el planeta Burocratón daba vueltas perezosamente en torno a una estrella que, francame...
En las profundidades de la Biblioteca Nacional, donde el polvo forma dunas tan apetitosas como el azúcar glas sobre un buen donut –pero infinitamente menos sabrosas–, el bibliotecario Algernon Fipps se enfrentaba a su mayor enemigo: otro aburri...
Nada se ha vestido nunca de manera tan impecable y con tanto sarcasmo como el doctor Martino De la Vega, en la mismísima antesala de la Media Tech. Martino llevaba un traje de lino blanco, recién planchado por alguien de la casta de los remordimie...
Era un martes perfectamente olvidable, en un año que nadie admitía recordar, cuando llegaron los Críticos Invisibles a la ciudad de Cornualles del Norte. Nadie los vio llegar, por supuesto, porque eran invisibles. Nadie habló de su arribo tampoco...
En una ciudad que lamía sus propias heridas con algarabía, los habitantes habían aprendido el arte supremo de mirarse en el reflejo de los escaparates sin jamás descifrar su imagen. La calle principal era el escenario de una procesión diaria de Leer más...
En las costas frías del reino de Plenipol, donde los sauces lloraban tanto como los súbditos, se extendía un sistema de gobierno tan enredado y viscoso como el más antiguo de los pantanos. Gobernaba allí el excelentísimo Conde Basilio, de cabe Leer más...
En una ciudad que lamía sus propias heridas con algarabía, los habitantes habían aprendido el arte supremo de mirarse en el reflejo de los escaparates sin jamás descifrar su imagen. La calle principal era el escenario de una procesión diaria de Leer más...
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