Una niebla quebradiza se había aposentado sobre la casa desde la primera noche de mi regreso. El moho invadía los zócalos de roble, los tapices habían perdido toda su dignidad y las arañas bordaban cortinas arruinadas en los arcos y esquinas de...
Uno no suele preguntarse cuándo comienza en realidad el infortunio, pues la vida está vencida de tránsitos imperceptibles; pero, en mi caso, parece que el infortunio escogió presentarse una noche de finales de octubre, cuando el viento llevaba l...
En los últimos años de mi juventud, cuando el otoño se extendía con más amargura sobre las casas antiguas de mi estirpe, encontré motivos para regresar a la mansión de los Allingham, solar que mi madre desertó en los albores de su viudez y q...
Era al final de una larga y mustia jornada de octubre, cuando los árboles, ya rendidos de follaje, susurraban bajo una brisa amarga de norte, que Lord Everard Boscombe descendió del carruaje ante la entrada de la mansión Tressilian. A lo lejos la...
La noche había envuelto la vieja mansión de los Vallegrand desde hacía ya horas, tiñendo sus muros de un negro tan espeso como la sangre coagulada en un tajo olvidado. Las ventanas, altivas, se alzaban como ojos apagados bajo el cielo rojizo, y ...
La lluvia golpeaba con insistencia el pedregoso sendero que ascendía hacia la recortada silueta de la Mansión Derby, elevándose sobre los páramos blanqueados por la niebla. Aquella noche de octubre de 1881 el viento parecía haber susurrado anti...
Jamás podré olvidar la tarde en que la lluvia golpeaba los cristales con el ímpetu de miles de lágrimas, como si el propio cielo compartiera la desolación que reinaba en mi alma. Desde hacía semanas, mi vida se consumía en aquel caserón de ve...
En el atardecer plomizo de aquel agosto, cuando la humedad parece colgar del aire como una cortina invisible, la señora Ada Beaumont se asomó al porche de la mansión, con un vaso de té helado entre las manos, sintiendo cómo el poso de la noche Leer más...
En el atardecer plomizo de aquel agosto, cuando la humedad parece colgar del aire como una cortina invisible, la señora Ada Beaumont se asomó al porche de la mansión, con un vaso de té helado entre las manos, sintiendo cómo el poso de la noche Leer más...
El carruaje se fracturó contra un bache del sendero como la respiración súbita de un moribundo, y Estella empujó la puerta de terciopelo con una mano enguantada, su corazón batiendo con una mezcla deliciosa de recelo y ansia. La cerca de hierro Leer más...
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