El atardecer teñía de carmesí y oro la vasta extensión de la sabana, mientras el tren de vapor ralentizaba su marcha a la entrada de un villorrio polvoriento, perdido en la frontera meridional del África desconocida. Los postes telegráficos, r...
Cuando los vientos de la fortuna me arrojaron al umbral de mi cuarta década, lejos quedaban los días en que, con cuchara de madera y ansias ingenuas, creía poder hollar cada rincón de mi ciudad natal. Ahora, aceptando el encargo de la Sociedad G...
No sé si fue el rumor de la tempestad en la distancia o la promesa de tierras nunca holladas por el hombre lo que nos impulsó a aceptar aquel viaje. En la víspera de mi trigésimo octavo cumpleaños, una carta de papel grueso y bordes dorados lle...
El tam-tam lejano de los nativos se extendía como un zumbido incómodo a través del espeso sudario de neblina. James Claymore avanzaba, machete en mano, sintiendo cómo el sudor se mezclaba con el barro en el cuello de su camisa. Aquella parte del...
Era el filo del siglo, y mi aliento salía denso como musgo arrancado, cargado con el olor tembloroso de la nieve pisada por animales y hombres. No era la promesa del oro la que me empujaba, sino la llamada vieja, perentoria, que arranca a los que n...
Las brasas moribundas del último fuego titilaban, su luz escarlata derramando figuras que eran casi monstruos en las paredes de la tienda de lona. Siegfried Arlen se levantó pesadamente de su jergón de viaje. Durante semanas había soñado siempr...
Lo que ahora pongo por escrito, movido más por el peso de la memoria que por la búsqueda de credulidad ajena, es la narración de una travesía que supuso para mí la ruptura irreversible del velo que separa lo que consideramos civilización del a...
La aurora aún no había despertado las faldas de la Gran Cordillera cuando Edward Mallow, explorador curtido y hombre de pasiones secretas, hizo la primera marca en su cuaderno de viaje. El papel crujía bajo la pluma mientras una brisa fría –má...
El atardecer teñía de carmesí y oro la vasta extensión de la sabana, mientras el tren de vapor ralentizaba su marcha a la entrada de un villorrio polvoriento, perdido en la frontera meridional del África desconocida. Los postes telegráficos, r Leer más...
El crepúsculo incendiaba las vastas dunas, teñidas de escarlata y oro bajo el soplo cálido del viento sharawi. En la meseta de Iltan, conocida como el Confín del Mundo, el explorador Gabriel Renard ajustó la venda sobre su muñeca herida y dobl Leer más...
— La humedad de la niebla se pegaba a las barbas y a los jejenes, formando una capa viscosa sobre la piel curtida de Rudolf Steiner. El mundo a su alrededor era un mosaico de grises y esmeraldas, recortado a ratos por el destello de una bayoneta Leer más...
El viento aullaba como el grito desterrado de una bestia invisible, y todo cuanto antes fue tierra fértil y abundante, ahora era un yermo cruel y despojado de piedad. Arnold Deane, exfuncionario del gobierno colonial, despertó entre retazos de sac Leer más...
Cuando por fin descendí en la dársena de Trieste, una luz oblicua y levemente mortecina envolvía el puerto, como si la tarde vacilase en marcharse y la noche esperara, indolente, su turno de gobierno. Llevaba días navegando con el mínimo equipa Leer más...
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