La noche se deslizaba, lenta y pegajosa, sobre las murallas de Sigr-Anhar, igual que una hoja oxidada quemando la piel de un condenado. En la quinta almena del extremo norte, entre parapetos resquebrajados y charcos de lluvia salobre, Beshir escupiÃ...
El viento ululó por los angostos pasillos de Kareth, la fortaleza olvidada en los mapas y en las plegarias, donde la piedra rezuma humedad y los ecos de palabras no pronunciadas aún llenan las cámaras. HabÃa llegado ahà huyendo de mi pasado, a...
El carruaje, barnizado con el lustre de huesos pulidos, se deslizaba por la calzada como un escarabajo inmenso, cincelado por manos que ignoraban los nombres de la piedad. Un cielo enfermo de nubes rojas miraba el viaje de Lady Birn, quien apretó l...
La luna pálida de Esgarda descendÃa sobre el Valle de Onthea, una cicatriz de piedra y negra brea en la piel del mundo. DecÃan que aquel valle habÃa sido antaño un jardÃn de los Altos Señores, pero el tiempo y la ira de los dioses habÃan tri...
El crepúsculo se habÃa tragado ya la última duda cuando Arleon abandonó las sombras seguras de su cabaña. La humedad del bosque lamÃa sus botas, y cada paso le robaba calor desde las plantas de los pies hasta el pecho. Los ciruelos crecidos ju...
En las fronteras deslavadas del reino de Torvarn, donde la niebla nunca dormÃa y los caminos eran devorados por raÃces retorcidas, apenas persistÃa el concepto de esperanza. El sol apenas rozaba el suelo en las aldeas, cuyo nombre los mapas ya no...
Desde antes del grito primero, antes de la frontera y el hierro envejecido, dormÃa bajo el monte la ciudad sumergida, su nombre tejido de olvidos y ceniza. Los aldeanos sólo la señalaban con gestos: una mueca torcida, el roce involuntario de la m...
En el reino de Kravnos, allà donde las colinas eras tan antiguas que sus lomos ocultaban tumbas hasta para los dioses olvidados, una costumbre perversa germinó en la corte de Nharon: la Subasta de las Almas. Nadie recordaba si el primer contrato fu...
El reloj marcaba las dos de la madrugada cuando Pilar sintió, por fin, que la ciudad la dejaba respirar. Caminaba sola, la chaqueta desgastada abrazando su figura menuda, entre las aceras húmedas de una Madrid insomne. SabÃa que al cruzar la esqu Leer más...
HabÃa una vez (como si las veces pudieran medirse, y acaso esto fuese un reino donde los relojes se construyen de acuerdo con las leyes estrictas del sentido común) un imperio en el que el sol era una creencia, y las sombras, una ofensa personal. Leer más...
La entrada a la taberna es baja, exigiendo reverencia a todo el que traspasa el umbral, aunque sea sólo ante las vigas viejas que crujen con los inviernos. Afuera, la nieve sigue cayendo pesadamente, cubriendo el barrio obrero de una ciudad sin nom Leer más...
La noche se estrellaba violenta contra las paredes ruinosas de la posada. Afuera, los perros ya no aullaban; sabÃan, como saben los animales que aún tienen instinto, que es mejor ser cobarde cuando la luna brilla roja. Dentro, el aire olÃa a vino Leer más...
Se dice en las tierras vivas de Erazin que hay una hora, apenas oÃda en las alas de los zorros alados y en la zambullida de los peces sin sombra, donde aún arde la posibilidad de la piedad. En esa hora, casi ningún mortal vela, casi ningún dios Leer más...
El reloj marcaba las dos de la madrugada cuando Pilar sintió, por fin, que la ciudad la dejaba respirar. Caminaba sola, la chaqueta desgastada abrazando su figura menuda, entre las aceras húmedas de una Madrid insomne. SabÃa que al cruzar la esqu Leer más...
Copyrights © 2025 Ficcionalia.com. Todos los derechos reservados.
¿Te has leido el relato? Nos gustarÃa que lo valorases para que asà otros lectores vean los relatos más interesantes.






