Trémula lámpara que cuelga tal médula impregnada de aire rancio, temblorosa, aquí, justo donde los dedos se arrinconan contra sí mismos, el jadeo lentamente creciendo como un musgo sobre superficies pulidas, repitiendo. Hay un espejo. No de los...
La noche recoge en su vientre los fragmentos disueltos del vapor amarillo que sube, como en sueños malhumorados. Hay un hombre –no lo hay– que camina; a la vez arrastra sus propias piernas echadas de mercurio, y éstas le devuelven la mirada, s...
Piezas de tiempo colgaban del techo cuando entré en la peluquería, como si alguien hubiese decidido que la gravedad era una sugerencia más que una ley. Dos sillas de barbero giraban solas en la penumbra, atadas a la pared con cadenas de caucho ag...
Ella se inclina sobre la mesa oscura, los dedos buscan la arista del vaso sin agua. No hay señal de que la noche se haya marchado: las rendijas de la persiana sólo dibujan líneas discontinuas sobre la piel descubierta. El objeto, el vaso, existe ...
La luz es un rectángulo lívido. No parece entrar realmente, apenas resbala, arañando la piel blanca de la pared con una fricción lenta, insistente, como un pulgar obsesivo frotando un párpado ajeno. Hay un ritmo, aunque nadie decide marcarlo, h...
Pasan —he de confesarlo, señora Aminta— las horas como el polen invisible que al rozar la mesa no deja rastro ni perfume. Sobre mis papeles, infames de tanto buscar su propio paréntesis, ha caído la novedad de una quinta estación que solo...
¿Qué hace una conciencia cuando se disfraza de piel ajena? ¿O debería preguntar: quién se cura a sí mismo cuando ya no tiene cura? Agujas. Las primeras palabras que me aprendes son agujas, echadas debajo de una sábana apretada en torno a mis ...
Una sutil vibración, casi desoída, martilla el cristal. El reloj sobre la chimenea presta el primer latido, un pulso breve, persistente. Lo miro desde el otro lado de la mesa y, apenas guiñando los ojos, juro que lo veo escribiendo: no las horas,...
Murmullos. La voz de la radio a la hora en que el sol se derrite como cera vieja, recogiendo advertencias, listas incompletas de cosas extraviadas y nombres olvidados en ventanillas de trenes sucesivos. Jim fumaba frente a una persiana deshilachada:...
Fui una mujer y fui tres hombres y fui el remolino. Había un cuchillo grande en la habitación, pero no lo usábamos para cortar carne; usábamos el cuchillo para afilar la idea de nosotros mismos, cada filo un deseo, una herida, una boca. Todo suc...
Cuando abrí la puerta, no supe a cuál habitación del hotel había entrado, porque el pasillo sangraba derecho hacia un no-lugar. El pasillo era el libro y el libro todavía no se había escrito. Traía conmigo las piernas de la chica que se llama...
Levanté la hoja: una página blanca pulsando luz mortecina contra mis costillas eyectadas. Inscrito, ya siendo, el relato me saluda con los ojos de Mutis, galleta de opio en la garganta, inclinándose sobre una Underwood fantasmática que nunca aca...
La puerta está entornada. La luz, cortada en fragmentos rectos y agudos por las persianas, fija en el aire partículas de polvo, suspendidas, oscilando apenas con el leve movimiento de la brisa. Usted se detiene allí, en el umbral, sin decidirse a...
Ahora mismo escribo y no sé si soy yo. Tal vez sea la mano y no la mente, acaso un relámpago pálido que serpentea a través de los músculos, nervio por nervio, queriendo contar algo. ¿A quién se lo cuento? No me es posible responder. Hay un le...
Imagina un pajar, un moño, y la ceniza de una vela, mezclados con la evaporación de la memoria – es decir, del todo confusos y aireados, una historia cuya sustancia deambula entre los estantes del tiempo igual que mis pensamientos saltan entre p...
La silla, siempre movida un poco hacia la izquierda cuando entraba. Marta cree que es Lucas, pero Lucas no pisa ese cuarto desde abril, o eso dice. Hay un olor en la madera que no acaba de irse. No es humedad. Marta ha olido suficiente humedad para ...
I La luz de la mañana tiene un modo extraño de entrar en la cocina. Del gris al ámbar: un corte impreciso, movimiento vago sobre los objetos alineados. En la mesa, tres tazas, el azucarero, la mancha de café que nadie ha limpiado y un periódi...
Caminaba bajo la lluvia perenne —siempre la lluvia, como un comentario marginal que no se atreve a tocar el argumento— mirando los charcos que, en la ciudad arqueada, tienen vocación de espejos. Era tarde de domingo, como cualquier otra, y mis ...
Muy apreciado lector, permítame, antes de tirar la primera palabra sobre este lienzo despeinado, advertirle que está usted a punto de ingresar en una casa de espejos rotos y pasillos demasiado estrechos para el decoro narrativo, donde los hechos, ...
No se trataba de la mesa (la mesa podría haber sido cualquiera), ni de la postura, ni siquiera de la costumbre que ambos reconocían cuando se sentaban ahí a la misma hora, antes de que el edificio empezara a hablar consigo mismo: tubos chillando, ...
I. En la caja amarilla de zapatos, junto al fondo de armario donde duerme el abrigo raído de tu padre, reposan las lentejuelas que sobraron del disfraz de payaso. Un inventario incompleto: tres postales sin dirección, una cuenta bancaria cancela...
Así, en una noche aún sin fecha (las noches verdaderamente aburridas suelen, de algún modo, no pertenecer al calendario), la Sra. Foxglove, con sus tacones de gel y su chaqueta de lana en espiral, deslizó la mano por la baranda de la planta nucl...
—Llueve. Llueve aún, y los trillos de agua resbalada en el alfeizar tocan la inanidad del tiempo mismo—, piensa Stephen, o tal vez no es Stephen, sino Martha con sus manos ásperas recogiendo pétalos del suelo gris de la cocina, allá donde el...
Cuando el hombre sin rostro preguntó la hora, el reloj ya se había derretido en la acera. Nadie se inmutó: los oficinistas cruzaron la avenida, las pantallas gigantes seguían su desfile estático de gráficas y rostros pixelados, alguien perdió...
Trémula lámpara que cuelga tal médula impregnada de aire rancio, temblorosa, aquí, justo donde los dedos se arrinconan contra sí mismos, el jadeo lentamente creciendo como un musgo sobre superficies pulidas, repitiendo. Hay un espejo. No de los Leer más...
Una sutil vibración, casi desoída, martilla el cristal. El reloj sobre la chimenea presta el primer latido, un pulso breve, persistente. Lo miro desde el otro lado de la mesa y, apenas guiñando los ojos, juro que lo veo escribiendo: no las horas, Leer más...
Piezas de tiempo colgaban del techo cuando entré en la peluquería, como si alguien hubiese decidido que la gravedad era una sugerencia más que una ley. Dos sillas de barbero giraban solas en la penumbra, atadas a la pared con cadenas de caucho ag Leer más...
La noche recoge en su vientre los fragmentos disueltos del vapor amarillo que sube, como en sueños malhumorados. Hay un hombre –no lo hay– que camina; a la vez arrastra sus propias piernas echadas de mercurio, y éstas le devuelven la mirada, s Leer más...
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