En algún sitio, en medio del texto en el que comienzo a escribir estas líneas, estoy sentado. Pero no así, como quien se recuesta en una butaca para saborear sus propias palabras, sino como un actor inseguro en el umbral de una escena escrita por...
[1] El azulejo se cayó, casi al final de la tarde, rompiéndose en cinco trozos que aún conservaban restos del adhesivo y un leve olor a jazmín, como si la memoria de la casa se filtrara por la rajadura. Desperté —o eso creí— mirando la bald...
Empieza con la puerta de piel roja. Por dentro, los nombres son imposibles, el eco vuela y se estrella en las costillas. Una madre, o algo, se agita en el umbral: su aliento olía a hollín y leche agraz. Río con cuchillos, ella dicta, no hay ni sol...
En la inercia de la madrugada, cuando los únicos testigos son una lámpara de escritorio y la muy probable ficción de una luna fuera de la ventana, me decido a escribirte –a ti, lector que aún no despierta del todo a la posibilidad de que la his...
1. Un hombre observa cómo el aire del mediodía ondula en un patio vacío. La luz convierte el polvo en partículas antiguas. Piensa en la mujer a la que perdió y en la que podría encontrar; piensa, sobre todo, en los breves intervalos entre esas...
Trémula lámpara que cuelga tal médula impregnada de aire rancio, temblorosa, aquí, justo donde los dedos se arrinconan contra sí mismos, el jadeo lentamente creciendo como un musgo sobre superficies pulidas, repitiendo. Hay un espejo. No de los Leer más...
Una sutil vibración, casi desoída, martilla el cristal. El reloj sobre la chimenea presta el primer latido, un pulso breve, persistente. Lo miro desde el otro lado de la mesa y, apenas guiñando los ojos, juro que lo veo escribiendo: no las horas, Leer más...
Piezas de tiempo colgaban del techo cuando entré en la peluquería, como si alguien hubiese decidido que la gravedad era una sugerencia más que una ley. Dos sillas de barbero giraban solas en la penumbra, atadas a la pared con cadenas de caucho ag Leer más...
La noche recoge en su vientre los fragmentos disueltos del vapor amarillo que sube, como en sueños malhumorados. Hay un hombre –no lo hay– que camina; a la vez arrastra sus propias piernas echadas de mercurio, y éstas le devuelven la mirada, s Leer más...
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