Se dice en las tierras vivas de Erazin que hay una hora, apenas oÃda en las alas de los zorros alados y en la zambullida de los peces sin sombra, donde aún arde la posibilidad de la piedad. En esa hora, casi ningún mortal vela, casi ningún dios ...
Antaño, la ciudad de Tern pasó un invierno tan largo que los gritos de los muertos siguieron flotando en las calles hasta bien entrada la primavera. Pero aquel año se avecinaba uno peor, lo decÃan las nubes jadeantes, el olor a ceniza en la lluv...
La niebla danzaba, espesa y blanca, entre los robles centenarios de Tor Erylth, cubriendo el suelo como la seda de una araña colosal y olvidada por los dioses. El silencio era penetrante, roto sólo por el lejano ulular de una corneja cuyas alas pa...
En la brumosa penumbra de Finndenyl, donde las aguas fluyen en reversa y los robles se tuercen sobre sà mismos, apenas rozando el perfume olvidado de los viejos dÃas, caminaba Galdric con la cabeza gacha. Sus botas, ajadas como la memoria, resonab...
*** A Maelik el Tuerto se le habÃan acabado las excusas con la primera helada. Encogido en la trastienda de la herrerÃa de Darn, mirando el húmedo resplandor de las brasas apagadas, le pareció oÃr la voz de su hermano muerto en la tormenta: â€...
La noche caÃa sobre el Bosque de Asmura como una ola de vino negro, denso y frÃo, barriendo los claros y ahogando la última luz del dÃa. El silencio vibraba entre los troncos rojos de los pinos, sus agujas cargadas del peso de un reciente asesin...
Laniel nunca se acostumbró al temblor de la atmósfera cuando las cinco lunas se desanudaban sobre los campos de Korlis. Desde la atalaya de piedra blanca, observaba cómo la tempestad ferrosa rompÃa la quietud de la noche. HabÃa sabios que decÃa...
El reloj marcaba las dos de la madrugada cuando Pilar sintió, por fin, que la ciudad la dejaba respirar. Caminaba sola, la chaqueta desgastada abrazando su figura menuda, entre las aceras húmedas de una Madrid insomne. SabÃa que al cruzar la esqu Leer más...
HabÃa una vez (como si las veces pudieran medirse, y acaso esto fuese un reino donde los relojes se construyen de acuerdo con las leyes estrictas del sentido común) un imperio en el que el sol era una creencia, y las sombras, una ofensa personal. Leer más...
La entrada a la taberna es baja, exigiendo reverencia a todo el que traspasa el umbral, aunque sea sólo ante las vigas viejas que crujen con los inviernos. Afuera, la nieve sigue cayendo pesadamente, cubriendo el barrio obrero de una ciudad sin nom Leer más...
La noche se estrellaba violenta contra las paredes ruinosas de la posada. Afuera, los perros ya no aullaban; sabÃan, como saben los animales que aún tienen instinto, que es mejor ser cobarde cuando la luna brilla roja. Dentro, el aire olÃa a vino Leer más...
La noche se deslizaba, lenta y pegajosa, sobre las murallas de Sigr-Anhar, igual que una hoja oxidada quemando la piel de un condenado. En la quinta almena del extremo norte, entre parapetos resquebrajados y charcos de lluvia salobre, Beshir escupià Leer más...
El reloj marcaba las dos de la madrugada cuando Pilar sintió, por fin, que la ciudad la dejaba respirar. Caminaba sola, la chaqueta desgastada abrazando su figura menuda, entre las aceras húmedas de una Madrid insomne. SabÃa que al cruzar la esqu Leer más...
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