El aire de la sala, asfixiante, estaba cargado del brillo dorado de una tarde que agonizaba. Rut se paseaba descalza por el piso frío del salón, arrastrando levemente el dobladillo de su antiguo vestido amarillo—ese vestido que llevaba siempre e...
El pitido del tren se alejaba, dejando tras de sí un murmullo de vapor que parecía querer colarse en las grietas de las ventanas del salón. Harold se levantó del sillón con la rigidez de quien intenta no romper el cristal invisible que sostiene...
La luz de la tarde penetraba oblicua por las ventanas del tercer piso, manchando el suelo en franjas temblorosas que no alcanzaban a calentar el aire cargado. Selma sostuvo la carta en sus manos temblorosas, leyendo el remitente por enésima vez sin...
El reloj marcaba las once menos cuarto cuando Helena empujó la puerta giratoria del Hotel Arlington. El vestíbulo olía a mármol frío y a una colonia barata que intentaba colarse con insistencia por las rendijas de la historia. A esa hora, todos...
El viento azotaba la costa con una furia que solo conocen los que han esperado demasiado tiempo. Desde la ventana del hospital, Ernest contemplaba la línea del mar y su contorno desgastado. Nunca le resultó amable ese horizonte; era un cuchillo le...
SALA DE ESTAR. Muebles austeros, luz cenicienta filtrándose por cortinas sucias, aire denso con olor a polvo viejo. Unos golpes secos en la puerta obligan a Martha a dejar el bordado, su hilo temblando entre los dedos. Afuera, la lluvia amenaza con...
Siempre he tenido la sensación de que hay algo podrido dentro de las casas, especialmente cuando todo parece estar en calma. Como si la vida doméstica solo fuera un delicado disfraz tendido sobre un pozo de agravios sin resolver. Esta noche, por e...
La bruma aún colgaba en la cocina cuando Ruth descubrió la carta. No era suyo el sobre, ni reconocía la letra temblorosa, inclinada como si alguien hubiera escrito de pie, apoyado en una ventana. Dudó poco antes de leer. Afuera, en el jardín, l...
En una ciudad donde el sol salía a medianoche y amanecía en lo más profundo de la tarde, la gente caminaba hacia atrás por las aceras pulidas de la plaza. Si entrabas en una cafetería, oías las cucharillas chocando en tazas a contrarreloj, pues...
La lluvia caía con una insistencia indolente sobre el asfalto desierto, como si la ciudad estuviera siendo lavada de todas sus culpas y secretos. En el interior de la vieja casa victoriana, a dos calles de la decadente estación de tren, Nora encend...
El comandante Saul Rucken, de la nave-interceptor Stygian, suele decir que nada te prepara para la vastedad vacía del espacio. Que los manuales hablan de física y de estrategia, pero no del escalofrío que se te mete bajo la piel cuando tu mundo es...
Las luces del aeropuerto apenas filtraban la neblina del amanecer cuando Margot vio a Oliver por primera vez en cinco años. No se abrazaron; él sostenía sus manos en los bolsillos y ella torcía el broche del bolso una y otra vez. No sabían quié...
La lámpara encendida era el único testigo de la pequeña tregua que la noche ofrecía. Sentados alrededor de la vieja mesa, donde las ralladuras y las manchas de vino formaban un mapa de incursiones pasadas, los miembros de la familia Welles se obs...
Era lunes cuando finalmente decidiste quedarte en casa. La luz entraba desde la rendija de la cortina y el polvo bailaba en el haz del sol como si supiera que solo tú lo mirabas. A lo lejos, el ruido de los camiones que descargan víveres en la tie Leer más...
La mesa de roble parecía más grande anoche, aunque esta tarde Susana la vio, como siempre, amenazada de papeles y tazas, velada por una luz que nunca decide si permanece o se retira. Sus dedos sostenían una factura: el agua, otra vez. En la cocin Leer más...
La sala permanece oscura aunque es media tarde; ya nadie se acuerda de correr las cortinas en esta casa exánime. La tía Sigrid repasa, desde la butaca, los pliegues de un mantel bordado —el único destello blanco en el cuarto— mientras la lám Leer más...
Eran las dos y media de la madrugada cuando Paula abrió la puerta. El vestíbulo exhalaba un aire tibio, perfumado apenas con la memoria del whisky. Él la esperaba sentado en el pequeño sofá azul gastado, piernas cruzadas, ojos ausentes entre el Leer más...
Era lunes cuando finalmente decidiste quedarte en casa. La luz entraba desde la rendija de la cortina y el polvo bailaba en el haz del sol como si supiera que solo tú lo mirabas. A lo lejos, el ruido de los camiones que descargan víveres en la tie Leer más...
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