Tras la puerta
Viaje Sin Retorno: (El Proyecto Orfeo, Libro1)
La niñera
Mitsborn - Trilogía original (edición limitada especial estuche)
Black Bird Academy: Amor a la muerte
Alchemised: No queda nadie a quien salvar
Portada del relato Sombras en la sala azul
Sin valoraciones
  Leer   Escuchar   PDF   ePub   Compartir

Fragmento:


El aire de la sala, asfixiante, estaba cargado del brillo dorado de una tarde que agonizaba. Rut se paseaba descalza por el piso frío del salón, arrastrando levemente el dobladillo de su antiguo vestido amarillo—ese vestido que llevaba siempre en los veranos de su infancia, cuando creía que la fe en la familia era una certidumbre, no una sombra ambulante. La vieja lámpara de la esquina parpadeaba con terquedad, echando una luz fantasmal sobre los retratos del aparador: el rostro serio de su padre, la sonrisa congelada de su madre, y detrás, casi oculta, la figura espectral de su hermano mayor, Daniel, cuyos ojos parecían llenos de reproche incluso en papel fotográfico.

Duración: 04:08

Sombras en la sala azul
-a / +A

El aire de la sala, asfixiante, estaba cargado del brillo dorado de una tarde que agonizaba. Rut se paseaba descalza por el piso frío del salón, arrastrando levemente el dobladillo de su antiguo vestido amarillo—ese vestido que llevaba siempre en los veranos de su infancia, cuando creía que la fe en la familia era una certidumbre, no una sombra ambulante. La vieja lámpara de la esquina parpadeaba con terquedad, echando una luz fantasmal sobre los retratos del aparador: el rostro serio de su padre, la sonrisa congelada de su madre, y detrás, casi oculta, la figura espectral de su hermano mayor, Daniel, cuyos ojos parecían llenos de reproche incluso en papel fotográfico.

El reloj de péndulo crujió, marcando la hora con un lamento solemne. En la cocina, la voz de su tía Lucía rompía el silencio, reclamando ayuda que nadie quería dar. Rut sentía el peso de los años apretándole el pecho, los años en que Daniel había dejado la casa con gritos y promesas rotas, y la madre, hecha estatua, empezó a mirar al vacío como si buscando otra dimensión donde esconderse.

Afuera caía la tarde. Rut se asomó a la ventana abierta: los cerezos del jardín, plantados al nacer Daniel y ella, parecían, ese año, no florecer jamás. Un simbolismo tan obvio que dolía. Abajo, entre las raíces gruesas y nudosas, yacían aún los restos del columpio de la infancia, oxidado y abandonado como todo lo demás.

Una ráfaga de aire levantó una carta olvidada en la esquina de la mesa. Rut la recogió: el sobre gris, gastado, con la caligrafía impaciente de un hermano que ya no pertenecía a esta casa. Habían pasado tres meses desde que Daniel escribió, anunciando su regreso, pero el día señalado nunca llegó. Su ausencia llenaba los huecos entre los muebles, zumbaba en cada cena silenciosa, pesaba en cada conversación que no sucedía.

"¿No vas a hablarme nunca más, Rut?" preguntó Lucía desde el umbral de la sala, con las manos apretadas en el delantal y el ceño surcado por la resignación. Rut no respondió; no sabía cómo empezar, ni si quedaba algo que valiese la pena decir. Discutir era el deporte nacional de los suyos, pero les faltaba el valor de la reconciliación.

El timbre sonó, como un disparo. Rut se sobresaltó, y sintió que el corazón le martillaba en los oídos. Lucía se adelantó con paso tembloroso y abrió la puerta. Una ráfaga de aire frío barrió el aroma viejo de la casa y permitió entrar a Daniel, de pie bajo el dintel, un poco más encorvado, el cabello moteado de canas.

"Volví," murmuró con voz ronca.

Nadie se movió. La madre bajó la mirada al suelo, Lucía se llevó una mano a la boca, Rut apretó los puños. Daniel puso una bolsa en el suelo y arrastró los pies hasta la sala, fatigado. Los cuatro se miraron, la distancia tangible y áspera, el recuerdo de antiguas palabras cortando el aire como cristales rotos.

El silencio duró un siglo. Luego, la madre se atrevió: "¿Vas a quedarte a cenar?" Lo dijo sin ternura, como si las palabras cortas defendieran un territorio propio. Daniel asintió, y la tía Lucía desapareció en la cocina entre ollas y platos, con una esperanza frenética.

Durante la cena, escucharon juntos el goteo del grifo y el crujido de la madera vieja. Nadie mencionó la herencia, ni el accidente en que el padre perdió el habla y la esperanza, ni la discusión que expulsó a Daniel del hogar. En vez de reconciliación, hubo sopa fría, miradas esquivas y manos temblorosas sosteniendo cucharas.

Cuando levantaron la mesa, Rut miró a Daniel y por un instante creyó leer en su gesto la súplica: volver a empezar. Pero la reconciliación, como los cerezos, era algo que debía florecer solo si el tiempo y el corazón lo permitían. Quizás, pensó, bastaría esa noche caminar juntos bajo los árboles estériles, mirar el columpio oxidado y entender que aún quedaba presente por desenterrar.

La noche cayó, y en la casa—en cada sombra, cada mueble, cada mirada rota—resonaba la esperanza temblorosa de un intento, apenas un susurro, de volver a ser familia.

Tras la puerta
Viaje Sin Retorno: (El Proyecto Orfeo, Libro1)
La niñera
Mitsborn - Trilogía original (edición limitada especial estuche)
Black Bird Academy: Amor a la muerte
Alchemised: No queda nadie a quien salvar

Copyrights © 2025 Ficcionalia.com. Todos los derechos reservados.

Ofertas Amazon: En calidad de Afiliado de Amazon, obtengo ingresos por las compras adscritas que cumplen los requisitos aplicables.