En una ciudad que lamía sus propias heridas con algarabía, los habitantes habían aprendido el arte supremo de mirarse en el reflejo de los escaparates sin jamás descifrar su imagen. La calle principal era el escenario de una procesión diaria de...
En las costas frías del reino de Plenipol, donde los sauces lloraban tanto como los súbditos, se extendía un sistema de gobierno tan enredado y viscoso como el más antiguo de los pantanos. Gobernaba allí el excelentísimo Conde Basilio, de cabe...
Había una vez, como tantas veces en que la vida no tiene importancia más allá de lo trivialmente molesto, que en una ciudad como cualquier otra decidió instalarse el Ministerio de Cuestiones Perfectamente Evitables. Este año, sin razón aparent...
Se dice, y quien lo niegue sabrá de la ceguera voluntaria de la sociedad contemporánea, que la respetable Sociedad de Provechosos Inútiles se reunía todos los jueves en el vetusto salón de Willoughby, entre la indescriptible hedentina a cuero y...
Te despiertas con la boca llena de polvo. El sabor del lunes. Fuera, alguien grita el titular del día—un trabajo sustituido por una máquina, el alquiler de una vida pagadero en cuotas de resignación. Intentas sentarte, los resortes del colchón...
Había una vez, en el país de los horarios flexibles, un gobierno tan ingenioso en sus métodos para hacer creer a todo el mundo que eran felices, que los ciudadanos solo se daban cuenta de su propio fastidio los lunes cada cuatro años, cuando, po...
Era mediodía en la cafetería más vibrante de Nueva Ginebra: “La Taza y el Logaritmo”, ese lugar donde los capuchinos se sirven con un código QR pegado en la espuma y los pasteles tienen más likes que calorías. El zumbido ambiente—mitad c...
En algún lugar del hexágono encantado, cuya memoria me invade como una jaqueca tras ocho copas de ron, vivía el Vizconde de Rocinante, hombre de ilustre apellido y aún más ilustres deudas. Su único legado eran unos pantalones raídos, una bibl...
La ciudad respiraba como una bestia dormida, sus pulmones metálicos llenos del humo que hacía vibrar a sus habitantes hasta convertirlos en meras sombras. Era una mañana que nadie recordaría. Las fachadas de las casas, idénticas en su cansancio...
En el centro de la vasta capital, un edificio resplandecía bajo mil luces, tan ocupado con sí mismo que parecía ignorar el polvo, la miseria y el tumulto que lo rodeaban. Era una colmena de mármoles, pasillos aterciopelados, y puertas de cedro r...
En la antesala de la Gran Burocracia Celestial, donde el papel carboneado florece en vez de margaritas y las cartas de reclamación constituyen una forma de arte, el señor Benedictus Blümers se encontraba sentado, es decir, haciendo cola para sent...
En la ciudad de Formol, donde las estatuas discutían entre sí a la medianoche y las farolas ignoraban cualquier súplica después de la una, vivía Don Jacinto, un hombre bajo, de barba seca y dignidad enjuta, cuya mayor pasión era contemplar la ...
Era miércoles. Lo sabían los relojes de la plaza, las lágrimas sin razones vertidas en los cajones de los jubilados, y la sonrisa utilizada a medias por el Ministro de Asuntos Inaugurales. El clima, por razones obvias, permanecía indiferente, co...
En el corazón del universo, donde incluso las instrucciones para entender el universo requieren una suscripción trimestral y una buena dosis de desesperación, el planeta Burocratón daba vueltas perezosamente en torno a una estrella que, francame...
No se podía caminar por la avenida principal de la ciudad —ese coloso de anuncios electrónicos resonando como flatulencias eléctricas— sin notar la dignísima presencia de Don Godofredo, un caballero conocido en los círculos más reservados ...
— Ayer, cuando la ciudad se despertó, sonaba a huesos mondos en una urna, limpia y pulida. Los primeros transeúntes salieron a la calle convencidos de que el día les debía algo, no por trabajo ni mérito propio, sino porque lo decía el anun...
La oficina de Reestructuraciones Cósmicas estaba al borde del colapso sistemático por una sobrecarga de informes pendientes y bandejas de entrada desbordadas de solicitudes para modificar la física básica. Era martes. En realidad, el tiempo care...
Érase una vez en la excelsa nación de Adulonia, donde la hierba florecía por decreto, las nubes danzaban siguiendo partituras, y el pueblo, convencido por el rumor general, aplaudía incluso a la estatua del perro del primer ministro. Porque en A...
En las profundidades de la Biblioteca Nacional, donde el polvo forma dunas tan apetitosas como el azúcar glas sobre un buen donut –pero infinitamente menos sabrosas–, el bibliotecario Algernon Fipps se enfrentaba a su mayor enemigo: otro aburri...
En la ciudad de Plutomares, ilustre por sus relojes que marcaban la misma hora sin detenerse jamás, amaneció un día repleto de serenidad artificial. El sol, que apenas se atrevía a mirar el empedrado pulcro, rayaba los balcones entoldados tras l...
Nada se ha vestido nunca de manera tan impecable y con tanto sarcasmo como el doctor Martino De la Vega, en la mismísima antesala de la Media Tech. Martino llevaba un traje de lino blanco, recién planchado por alguien de la casta de los remordimie...
En algún recóndito rincón del Viejo Continente, lugar olvidado incluso por los mapas más generosos, yacía una nación prodigiosa llamada Clandenburgo. Llámesele así porque en ella aquello que debía permanecer oculto era siempre lo más visib...
En algún punto infinitamente improbable de la galaxia, existía un planeta extraordinariamente similar a la Tierra en casi todos los aspectos, salvo en uno fundamental: aquí, los políticos debían someterse a exámenes públicos de lógica y emp...
La noche apretaba sobre la ciudad como una corbata mal ajustada; totalmente ajena, indiferente, pero sin dejar nunca de apretar. Bajo la pálida luz de los semáforos intermitentes, un puñado de sombras bien vestidas trepaban la escalinata de márm...
En una ciudad que lamía sus propias heridas con algarabía, los habitantes habían aprendido el arte supremo de mirarse en el reflejo de los escaparates sin jamás descifrar su imagen. La calle principal era el escenario de una procesión diaria de Leer más...
En las costas frías del reino de Plenipol, donde los sauces lloraban tanto como los súbditos, se extendía un sistema de gobierno tan enredado y viscoso como el más antiguo de los pantanos. Gobernaba allí el excelentísimo Conde Basilio, de cabe Leer más...
En una ciudad que lamía sus propias heridas con algarabía, los habitantes habían aprendido el arte supremo de mirarse en el reflejo de los escaparates sin jamás descifrar su imagen. La calle principal era el escenario de una procesión diaria de Leer más...
Se dice, y quien lo niegue sabrá de la ceguera voluntaria de la sociedad contemporánea, que la respetable Sociedad de Provechosos Inútiles se reunía todos los jueves en el vetusto salón de Willoughby, entre la indescriptible hedentina a cuero y Leer más...
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