Era en la remota república de Candelabria, donde el sol salía una vez cada dos días para no cansarse, y la luna sólo servía de espejo a los concejales que, tras las sesiones parlamentarias, adoraban contemplar sus mejillas flácidas y blancuzca...
Era un martes perfectamente olvidable, en un año que nadie admitía recordar, cuando llegaron los Críticos Invisibles a la ciudad de Cornualles del Norte. Nadie los vio llegar, por supuesto, porque eran invisibles. Nadie habló de su arribo tampoco...
En la ciudad de Nereida, la noche caía como un líquido oscuro sobre las altas torres de vidrio y aluminio. Las avenidas rebosaban de luces de neón y siluetas rápidas cuyos rostros apenas se distinguían tras las máscaras electrónicas, requisito...
La noche en Vinegar Lane caía con una parsimonia que sólo podía compararse con el modo en que las cartas del administrador rodaban por debajo de las puertas: lenta, ruidosa y casi siempre ignorada excepto por los inquilinos que, como la señora Kl...
En la pálida mañana de un reino no muy distante, donde el sol titubeaba antes de rozar el horizonte, los ciudadanos habían aprendido el arte supremo de la satisfacción perpetua. Era un arte, se decía, incluso más valorado que la aritmética, la...
En una ciudad que lamía sus propias heridas con algarabía, los habitantes habían aprendido el arte supremo de mirarse en el reflejo de los escaparates sin jamás descifrar su imagen. La calle principal era el escenario de una procesión diaria de Leer más...
En las costas frías del reino de Plenipol, donde los sauces lloraban tanto como los súbditos, se extendía un sistema de gobierno tan enredado y viscoso como el más antiguo de los pantanos. Gobernaba allí el excelentísimo Conde Basilio, de cabe Leer más...
En una ciudad que lamía sus propias heridas con algarabía, los habitantes habían aprendido el arte supremo de mirarse en el reflejo de los escaparates sin jamás descifrar su imagen. La calle principal era el escenario de una procesión diaria de Leer más...
Se dice, y quien lo niegue sabrá de la ceguera voluntaria de la sociedad contemporánea, que la respetable Sociedad de Provechosos Inútiles se reunía todos los jueves en el vetusto salón de Willoughby, entre la indescriptible hedentina a cuero y Leer más...
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