Dire Bound. Alma de lobo
Trilogía de libros de bolsillo Dímelo
Hay algo malo en casa
Ellos me quieren encontrar, pero yo los encontrare primero.
La niñera
Cuando las dríades se mezclan con los hombres, la pasión muta...
Portada del relato La cucharilla del cosmos
Sin valoraciones
  Leer   Escuchar   PDF   ePub   Compartir

Fragmento:


Wilfoold suspiró, politonó la cuchara con la que removía (sin gran resultado) el contenido indefinido de su taza, y decidió, por pura falta de interés en cualquier resultado, consultar el Manual de Procesos Prescindibles. Este manual tenía la particularidad de ofrecer los pasos precisos para no resolver absolutamente nada, hecho que sus superiores confundían siempre con madurez protocolaria.

Duración: 05:32

La cucharilla del cosmos
-a / +A

La oficina de Reestructuraciones Cósmicas estaba al borde del colapso sistemático por una sobrecarga de informes pendientes y bandejas de entrada desbordadas de solicitudes para modificar la física básica. Era martes. En realidad, el tiempo carecía de sentido en la oficina, pero la idea de un martes ayudaba a que los empleados mantuvieran la fe en el paso del tiempo y el cobro de sus horas extraordinarias. Aquí, sentando erguido sobre una silla modelada según los glúteos del Innombrable Supervisor, Wilfoold Garban tresveleaba con expresión vacía y el ojo izquierdo recorriendo, sin entusiasmo, el informe 8344-B: “Solicitud de la humanidad para modificar el sentido del humor universal”.

Wilfoold había alcanzado la cúspide de la apatía tras décadas de trabajo insípido en ese departamento. No porque careciera de ambiciones, sino porque años atrás le habían rechazado una petición para instalar una máquina de café que sirviera café y no cuestionamientos existenciales. Así, ahora, la hinchazón de su ánimo dependía por completo de la fortuna diaria en forma de galletas de la máquina auxiliar.

El informe que tenía delante era especial: llegaba firmado coletivamente por una coalición de “seres sensibles hartos de sentir”, liderada por la especie humana pero respaldada tácitamente por las ranas plañideras de Petunia IX. Solicitaban, ni más ni menos, que todo chiste universal quedase automáticamente gracioso sólo bajo condiciones estrictamente reguladas, y que las ironías dejaran de ser invisibles para los vecinos de enfrente. “Por razones de salud planetaria”, remataba el epígrafe con la solemnidad de quien jamás ha reído en directo.

Wilfoold suspiró, politonó la cuchara con la que removía (sin gran resultado) el contenido indefinido de su taza, y decidió, por pura falta de interés en cualquier resultado, consultar el Manual de Procesos Prescindibles. Este manual tenía la particularidad de ofrecer los pasos precisos para no resolver absolutamente nada, hecho que sus superiores confundían siempre con madurez protocolaria.

Mientras hojeaba con desdén el capítulo titulado “Como archivar problemas sin resolverlos”, su ordenador proyectó la imagen del Supervisor Innombrable, que, al igual que su silla, ostentaba la plasticidad de quien nunca se ha levantado de su trono.

—Wilfoold —entonó su voz con ese tono universalmente diseñado para provocar ganas de irse a pique—, los solicitantes exigen respuesta antes de que la próxima comedia romántica humana sea estrenada. Hay mucho en juego. La paz interplanetaria podría depender de ello.

El empleado, que no recordaba haber reído honestamente desde la introducción de la nueva Ley de Sonrisas, barajó la posibilidad de ignorar la directriz. Sin embargo, la cafetería cerraba pronto, y no obtener su galleta diaria le parecía una amenaza muy seria. Por lo tanto, pulsó “Aceptar” y comenzó a redactar la Respuesta Oficial.

“Querida Coalición Transgaláctica del Ambiguamente Descontento,

Agradecemos su preocupación por la estabilidad emocional del universo y tomamos muy en cuenta su solicitud de modificar el sentido del humor universal. Actualmente estamos abordando la petición junto a otros asuntos priorizados, como el ajuste de la ley de la gravedad para que los calcetines no se pierdan tras el lavado espacial y la petición de varios solteros de que el amor sea menos imprevisible que una partida de dados cuánticos.

En cuanto a su inquietud, deseo informarles de que estamos implementando una comisión especial formada por representantes de especies con bajos índices de carcajadas para que realicen un sondeo estadístico sobre la utilidad, peligrosidad y ocasional desdicha causada por la ironía y el sarcasmo en situaciones sociales interplanetarias. El informe será archivado en el Departamento de Temas Circunstancialmente Graves y solo será revisado tras una revaluación de las prioridades del universo, lo que podría coincidir casualmente con el próximo eclipse triple de la constelación de Nemea, previsto para dentro de tres millones de años. Hasta entonces, disfrutad de los chistes malos, pues la vida sería insoportablemente lúgubre sin ellos (lo hemos comprobado en una simulación que provocó un colapso nervioso en un ordenador). Atentamente: Wilfoold Garban, burócrata-jefe de Trámites Prescindibles.”

Satisfecho con su redacción, Wilfoold pulsó el botón “Enviar” y se enfrentó al resto de su jornada con la misma apatía ceremoniosa de siempre, convencido de que ese pequeño gesto de indiferencia burocrática mantenía a salvo el equilibrio absurdo del universo. Por la tarde, la máquina de galletas le entregó, por error, dos unidades: una fortuna inesperada que, en términos cósmicos, probablemente derivaría en la mutación espontánea de alguna forma de vida en el subsuelo de Tau Ceti, deseosa de inventar la risa artificial, empezando por una cuchara que preguntara cada mañana “¿te alegra o te amarga remover el café?”.

En la distancia, en la Tierra, varios humanos experimentaron una súbita y extraña crisis: al intentar bromear, descubrieron que nadie más encontraba gracia en lo obvio. Algunos decidieron ser felices igualmente; otros, como los guionistas de televisión, se vieron obligados a buscar trabajo en call-centers interestelares, donde su sentido del humor fue finalmente valorado por un cliente marciano que solo reía ante catálogos.

Así, el cosmos siguió girando en su coreografía burocrática y absurda, convencido de que cualquier cosa es soportable si uno archiva el problema en el cajón correcto y lo acompaña de galletas, ironías y un buen, enorme, e indestructible “mañana lo veremos”.

Dire Bound. Alma de lobo
Trilogía de libros de bolsillo Dímelo
Hay algo malo en casa
Ellos me quieren encontrar, pero yo los encontrare primero.
La niñera
Cuando las dríades se mezclan con los hombres, la pasión muta...

Copyrights © 2025 Ficcionalia.com. Todos los derechos reservados.

Ofertas Amazon: En calidad de Afiliado de Amazon, obtengo ingresos por las compras adscritas que cumplen los requisitos aplicables.