Cuando por fin descendí en la dársena de Trieste, una luz oblicua y levemente mortecina envolvía el puerto, como si la tarde vacilase en marcharse y la noche esperara, indolente, su turno de gobierno. Llevaba días navegando con el mínimo equipa...
Aquel día, el cielo sobre Colombo parecía contener todos los naufragios; la humedad del puerto, resuelta en promesas y advertencias, se mezclaba con el hedor acre del tabaco y la canela. Los marinos llegaban y partían con la parsimonia de quienes...
Contaba yo aquel verano ya lejano en que, hastiado de los salones parisinos y su sempiterno murmullo de secretos, decidí abandonar la ciudad, acallando la voz de la razón a fuerza de anhelo y vino. No deseaba compañía, pues la aventura verdadera...
La noche se cernía sobre el campamento, un manto interminable de estrellas derramándose por encima de las tiendas y el silbido interminable del viento que, desde las dunas de Bagdad hasta los peñascos de Kermanshah, traía consigo aromas de espec...
Nunca imaginé que el tren de Minsk a Vladivostok marcaría el punto en el cual mi vida, y la forma de percibir el mundo, se quebraría como el hielo del lago Baikal en primavera. Viajaba solo, como tantos otros, anhelando algún tipo de redención ...
El viento del Atlántico arrecia con un silbido inquietante sobre la cubierta de la goleta, ese tipo de nota que entona siempre a medianoche, cuando solo los marineros y los que huyen de sí mismos se mantienen en vela. Yo, Michael Carver, he cruzad...
El barco avanzaba despacio, cortando la niebla gélida del mar de Noruega. Cuando acepté la invitación para un viaje de investigación sobre leyendas escandinavas, imaginé paisajes de hielo y relatos paganos, no la inquietud que me envolvía ahora...
El atardecer teñía de carmesí y oro la vasta extensión de la sabana, mientras el tren de vapor ralentizaba su marcha a la entrada de un villorrio polvoriento, perdido en la frontera meridional del África desconocida. Los postes telegráficos, r Leer más...
El crepúsculo incendiaba las vastas dunas, teñidas de escarlata y oro bajo el soplo cálido del viento sharawi. En la meseta de Iltan, conocida como el Confín del Mundo, el explorador Gabriel Renard ajustó la venda sobre su muñeca herida y dobl Leer más...
— La humedad de la niebla se pegaba a las barbas y a los jejenes, formando una capa viscosa sobre la piel curtida de Rudolf Steiner. El mundo a su alrededor era un mosaico de grises y esmeraldas, recortado a ratos por el destello de una bayoneta Leer más...
El atardecer teñía de carmesí y oro la vasta extensión de la sabana, mientras el tren de vapor ralentizaba su marcha a la entrada de un villorrio polvoriento, perdido en la frontera meridional del África desconocida. Los postes telegráficos, r Leer más...
El viento aullaba como el grito desterrado de una bestia invisible, y todo cuanto antes fue tierra fértil y abundante, ahora era un yermo cruel y despojado de piedad. Arnold Deane, exfuncionario del gobierno colonial, despertó entre retazos de sac Leer más...
Copyrights © 2025 Ficcionalia.com. Todos los derechos reservados.
¿Te has leido el relato? Nos gustaría que lo valorases para que así otros lectores vean los relatos más interesantes.






