Esa mañana, Helen McCarthy se despertó con el sonido de los grillos colándose entre las persianas venecianas. Por alguna razón, dormía mejor cuando podía oírlos, incluso si el verano se le pegaba a la piel y la hacía sudar desde antes de que...
Estaba anocheciendo rápidamente. Fanny giró la llave con dos vueltas y prestó atención al clic hueco que hacía el picaporte, una confirmación rutinaria de la seguridad, del regreso al refugio íntimo del piso 4.º, donde la vajilla apilada y l...
— La luz de la ventana había cambiado de tono, y ese solo hecho, empequeñecido y sin embargo perceptible, era cuanto bastaba para que Gérard abriera los ojos en la penumbra de su salón. No había sueño del que despertar, pues si era cierto...
Era una tarde abotargada de sol y pereza, en la que Madrid parecía mecerse entre los estertores del verano y las primeras promesas del otoño. Doña Rita Morral, viuda de sesenta y dos años, había dado por concluidas las labores de limpieza en su...
Irina sostenía una taza de café entre las manos, sus dedos rodeándola como si en ese gesto solitario encontrara un ancla en medio del apacible naufragio de la mañana. El reloj marcaba las diez y treinta y dos minutos, aunque no parecía que el t...
Hortense se despertó antes del alba; la claridad que penetraba por la rendija de la persiana no era suficiente para dibujar del todo la silla donde, desde hacía semanas, dormitaba el abrigo marrón de Gérard. Tan sólo un contorno vaga e imperfec...
Claire se había mudado a la vieja casa de su tía Maureen casi sin pensarlo, en un arrebato de necesidad, o quizás nostalgia. Luego de la muerte tranquila y levemente sarcástica de su madre, lo único que necesitaba era suficiente té caliente par...
Madame Fardel llevaba el abrigo apretado contra el pecho, aunque el clima no lo requería. Era un gesto aprendido, uno de esos movimientos automáticos que el cuerpo adopta cuando la vida lo ha acostumbrado a cruzar el barrio con los ojos bajos y el Leer más...
La luz entraba por la ventana como una sábana tersa, extendiéndose hasta el suelo de baldosas frías. Mamá tenía los labios apretados, cuya forma se repetía, secreto, en los pliegues del mantel encerado. Celina, mi hermana, revolvía el café c Leer más...
Madame Fardel llevaba el abrigo apretado contra el pecho, aunque el clima no lo requería. Era un gesto aprendido, uno de esos movimientos automáticos que el cuerpo adopta cuando la vida lo ha acostumbrado a cruzar el barrio con los ojos bajos y el Leer más...
La anciana Adela solía despertar antes de que el campanario cantara la primera hora, cuando la bruma aún era un manto espeso y blanco que cubría las piedras del pueblo. La soledad no era novedad: el eco de sus pasos servía como compañía en las Leer más...
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