Fantasía Urbana con Romance Paranormal y Almas Destinadas a estar Juntas
Dos coronas retorcidas (EDICIÓN ESPECIAL LIMITADA)
Hay algo malo en casa
Pack Harry Potter - La serie completa
Black Bird Academy: Amor a la muerte
Cuarto Mundo 1983 (Trilogía del Cuarto Mundo vol.1)
Portada del relato Aromas de tarde en la vereda
Sin valoraciones
  Leer   Escuchar   PDF   ePub   Compartir

Fragmento:


La vereda, en esa hora, se muestra como un escenario. Todo el barrio parece atento a los pequeños sucesos: el chico que pasa corriendo persiguiendo una pelota desinflada, la vecina de enfrente que riega demasiado sus malvones, la sombra de un auto viejo que se estaciona siempre en el mismo lugar, dejando la marca de aceite como testigo de sus regresos rutinarios. La panadería de la esquina abre sus puertas y deja escapar un aroma a medialuna fresca, a masa dulce que se cuela por las ventanas abiertas y promete tregua al cansancio.

Duración: 04:09

Aromas de tarde en la vereda
-a / +A

En el barrio de San Telmo, donde la humedad escala los muros descascarados y el empedrado guarda historias en sus grietas, la tarde desganada se desgrana entre mates y conversaciones. Los vecinos, con esa lentitud de los sábados en que nada parece apurar, se sientan a la puerta, en sillas arrastradas desde el comedor hasta la vereda, cruzando la frontera invisible entre lo propio y lo de todos como si fuera el simple acto de pasar el umbral.

Mariana, siempre la primera en ocupar su lugar, repite el gesto heredado de su madre: limpia la silla con el repasador de loneta, despliega un diario sobre sus rodillas y alza la mirada al horizonte gris, habitado por el vuelo distraído de algún gorrión y el andén de la memoria. Pronto se le suma Don Emilio, antiguo carnicero, quien acomoda sus piernas pesadas y, sin dirigir la palabra, asiente en un saludo entendido solo por los que han compartido más banquitos que palabras.

La vereda, en esa hora, se muestra como un escenario. Todo el barrio parece atento a los pequeños sucesos: el chico que pasa corriendo persiguiendo una pelota desinflada, la vecina de enfrente que riega demasiado sus malvones, la sombra de un auto viejo que se estaciona siempre en el mismo lugar, dejando la marca de aceite como testigo de sus regresos rutinarios. La panadería de la esquina abre sus puertas y deja escapar un aroma a medialuna fresca, a masa dulce que se cuela por las ventanas abiertas y promete tregua al cansancio.

Las mujeres bordan o fingen hacerlo, aguja en mano y charla en la punta de la lengua, mientras los hombres discuten alguna noticia leída de pasada o el aumento en la tarifa de la luz, sin demasiado entusiasmo, con la resignación de quien ya aprendió a esperar que el cambio venga desde otro lado, quizás de un hijo emigrado o de la suerte de un sorteo en la lotería. Circulan chismes livianos como el viento: que la hija de Marta volvió tarde, que el almacenero compró una heladera nueva, que el portero de la casa grande fue ascendido. Y en cada palabra, un dejo de cuidado—aquí nadie juzga de frente, pero tampoco se olvida de observar.

Por momentos la charla decae, se escucha sólo el chasquido de las baldosas al acomodar el peso del cuerpo, o el rumor de una radio lejana que transmite tango. En ese instante, la nostalgia pesa más que el aire, más que la humedad, y algún abuelo rememora tiempos mejores, cuando los cafés llenaban las esquinas y una mirada bastaba para entenderlo todo. Los jóvenes, si pasan, lo hacen de prisa, con auriculares y apuro, casi fugitivos de ese rito mínimo.

No faltan las risas cuando alguien recuerda una anécdota del barrio, una travesura secreta o la torpeza de algún vecino que ya no está. Entonces, se suman nuevas voces desde las ventanas, mezclando generaciones en una trama que nunca termina de desenredarse. Llegada la tarde, con la sombra alargándose sobre la calle, las mesas improvisadas se llenan de tazas, vasos de vino, la picada rescatada del fondo de la heladera. Esos momentos sencillos bastan para crear la intimidad de la comunidad.

En la casa de Miguel, la charla toma otro rumbo. Se cuelan recuerdos más pesados, secretos que sólo la noche ayuda a desatar. Las risas bajan en volumen, las palabras se eligen con más cuidado y, entre copa y copa, alguien confiesa su fatiga o su esperanza. Hablan de amores clandestinos, de cuentas sin saldar, de la soledad que a veces invade incluso rodeados de gente. La ciudad, ajena en su ruido, no parece perturbar ese refugio donde el tiempo, por un rato, camina despacio.

A la distancia, el sonido de un colectivo marca el final de la jornada. Lentamente, cada uno vuelve a su casa, arrastrando las sillas, despidiéndose con la promesa tenue de repetirlo al día siguiente. Queda el eco de las voces en el aire, el perfume de la parra mojada por el rocío y la sensación de que, en esa rutina compartida, se juega el pulso secreto de la vida.

Sólo el barrio y sus noches saben cuánto se ama y se teme en esas horas en las que basta mirar al vecino a los ojos para comprenderlo todo, sin pronunciar una palabra. Y acaso, en esa alquimia de gestos, recuerdos y confesiones mínimas, reside el verdadero secreto del vivir acompañado.

Fantasía Urbana con Romance Paranormal y Almas Destinadas a estar Juntas
Dos coronas retorcidas (EDICIÓN ESPECIAL LIMITADA)
Hay algo malo en casa
Pack Harry Potter - La serie completa
Black Bird Academy: Amor a la muerte
Cuarto Mundo 1983 (Trilogía del Cuarto Mundo vol.1)

Copyrights © 2025 Ficcionalia.com. Todos los derechos reservados.

Ofertas Amazon: En calidad de Afiliado de Amazon, obtengo ingresos por las compras adscritas que cumplen los requisitos aplicables.