Fragmento:
Había cajas aún sin abrir en el estudio, las cartas de Maureen ordenadas con tan poco celo que aún olían al perfume antiguo de la tía. Pero lo más inquietante del lugar, y probablemente la razón por la que se obligaba a subir cada día a ese desván amarillo, era un cuadro alineado peligrosamente junto al ventanal. No parecía de ninguna época en particular: manchas de azul sobre un fondo turbio, pinceladas caóticas, una especie de puerta pintada de forma tan poco definida que daba vértigo intentar enfocarla.
Duración: 01:09
Claire se había mudado a la vieja casa de su tía Maureen casi sin pensarlo, en un arrebato de necesidad, o quizás nostalgia. Luego de la muerte tranquila y levemente sarcástica de su madre, lo único que necesitaba era suficiente té caliente para soportar los días y algún que otro motivo para levantarse temprano o no dormir del todo. Trenton, Maine, había sido su refugio en la infancia, pero ahora la casa parecía demasiado grande y demasiado vacía, y la luz del invierno rompía el hielo de las ventanas con una violencia casi sagrada.
Había cajas aún sin abrir en el estudio, las cartas de Maureen ordenadas con tan poco celo que aún olían al perfume antiguo de la tía. Pero lo más inquietante del lugar, y probablemente la razón por la que se obligaba a subir cada día a ese desván amarillo, era un cuadro alineado peligrosamente junto al ventanal. No parecía de ninguna época en particular: manchas de azul sobre un fondo turbio, pinceladas caóticas, una especie de puerta pintada de forma tan poco definida que daba vértigo intentar enfocarla.
No se acordaba de haberlo visto antes, ni en las visitas de infancia ni en los relatos que su madre hilaba después de
Copyrights © 2025 Ficcionalia.com. Todos los derechos reservados.