En los días en que las estaciones no se reconocían en los frutos ni en las hojas, y la luz fluctuaba con indecisión entre la madrugada y el ocaso, hubo una villa edificada sobre las laderas de una colina olvidada por los mapas,...
Había una ciudad, erigida en la ladera de una montaña cuya cima permanecía perpetuamente envuelta en nubes salobres. Sus habitantes jamás habían visto la cúspide; los ancianos decían que era invisible para quienes hubiesen consentido en mirar...
Había una vez un jardín antiguo y vasto, cercado por altos muros cubiertos de hiedra y coronado en el centro por un sauce llorón, cuyas ramas caían hasta rozar el césped como si quisieran besar la tierra. Nadie sabía cómo había llegado a exi...
En un pueblo olvidado a la vera de todas las rutas y todas las fronteras, allí donde el silencio suele ser tan denso como para mascarlo, un grupo de adultos se reunía cada año ante la entrada de una casa en ruinas, que parecía contener todos los...
En un reino sin aurora ni ocaso, donde las sombras no evocan idea alguna de su dueño, existía un vasto jardín. El jardín era célebre por la multiplicidad de sus senderos y la imposibilidad de retornar jamás al punto de partida. Allí, bajo ár...
Alrededor de la plaza sin nombre, extendida como un charco de piedra sobre el vientre de una ciudad condenada a esperar, se reunían cada anochecer los habitantes envueltos en abrigos grises. Nadie recordaba la razón original de aquel ritual. Como ...
En algún lugar donde el tiempo no se deja medir, existía una ciudad cuyas casas tenían las mismas fachadas, como rostros reproducidos por una mano torpe que apenas distingue una emoción de otra. Cada mañana, los habitantes fingían olvidar el s...
En la región donde el horizonte es un ceño plomizo y las nubes se recortan con la precisión de una navaja desafilada, se yergue una montaña. No es más alta ni más escarpada que otras; su lomo árido no atrae sino a las cabras más testarudas. S...
Hay una grieta en el suelo del dormitorio de Hélène, una línea tan delgada que podría confundirse con la sombra que lanza una aguja olvidada. Hélène la descubrió una madrugada, cuando la ciudad dormía bajo la quietud densa del verano y su pe Leer más...
Las diez de la mañana. Adrien entra al pequeño apartamento de alquiler con las manos frías y un olor húmedo impregnado en la gabardina. No enciende la luz; la pálida claridad de noviembre atraviesa las cortinas polvorientas lo suficiente: ve el Leer más...
Hay una grieta en el suelo del dormitorio de Hélène, una línea tan delgada que podría confundirse con la sombra que lanza una aguja olvidada. Hélène la descubrió una madrugada, cuando la ciudad dormía bajo la quietud densa del verano y su pe Leer más...
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