En cierta época que el recuerdo de los hombres ha ido desfigurando como una pieza de marfil desgastada por el tiempo, los dioses no habitaban aún el desván polvoriento del mito, sino que respiraban el aire de la creación y se mezclaban entre nos...
En las hendijas imaginarias de una ciudad como cualquier otra –donde las farolas titilan noche tras noche, y los taxis dejan halos de luz sobre la acera mojada– existen grietas por las que se escabullen historias, a veces más reales que la memo...
En un descampado de las afueras de Buenos Aires, entre las sombras vegetales de sauces antiguos y nerviosas, se erguía la mansión Adrogué, superviviente indeseada de un siglo que desconfiaba ya de las casas. Cierta gente afirmaba que sólo la noch...
Había una vez, en los confines sombríos de un bosque retorcido y milenario, un leñador llamado Alder. Alder era un hombre de manos ásperas y corazón endurecido, pues la vida lo había golpeado tanto como él golpeaba los viejos robles cada amane...
Había una noche eterna sobre la colina, cuando el búho Severin, con la mirada más aguda de todo el bosque, llegó a aquel lugar prohibido donde los árboles susurraban historias fatídicas; la Mansión Ámbar recortaba su silueta entre la niebla. ...
En la ciudad de los días exhaustos, donde las bombillas parpadean como párpados febriles y el asfalto absorbe más de lo que devuelve, vive gente con los ojos demasiado abiertos y las historias demasiado calladas. Allí, entre trenes que nunca pasa...
En un tiempo anterior a la curvatura de los astros y al encaje de las montañas bajo los ojos húmedos de la aurora, vivía en el confín un hombre llamado Belario, cuyos días se arrastraban entre nieblas y memorias, y cuyas noches, extendidas y son Leer más...
Era una noche en la que el bosque yacía sumido en una atmósfera vaporosa, apenas rasgada por el blanco intenso de una luna repleta de secretos. El silencio era casi absoluto, salvo por el esporádico croar de una rana o el leve crujir de una rama Leer más...
La noche se deslizaba lenta sobre la ciudad como un manto denso, y los fugitivos rayos de la luna apenas se filtraban entre las nubes encrespadas. Esa noche, en el edificio desvencijado de la calle Gómez Ferrer, reinaba el más absoluto de los sile Leer más...
En un tiempo anterior a la curvatura de los astros y al encaje de las montañas bajo los ojos húmedos de la aurora, vivía en el confín un hombre llamado Belario, cuyos días se arrastraban entre nieblas y memorias, y cuyas noches, extendidas y son Leer más...
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