La lluvia golpeaba los ventanales altos del apartamento de Marla Sforza con la intransigencia de un mundo resuelto a hundir la ciudad bajo su peso. Afuera, los coches eléctricos surcaban calles grises en una coreografÃa silenciosa, disciplinada, p...
El hombre camina despacio, como midiendo cada grieta del concreto, escuchando el crujido del pavimento bajo sus botas desgastadas. William lleva una vida escribiéndose a sà misma sobre la superficie indiferente de la ciudad; cada mañana se toma su...
La tormenta acababa de extinguirse, pero el asfalto seguÃa brillando bajo los faros de los autos que avanzaban raudos, casi indiferentes, hacia el siguiente dÃa de promesas incumplidas. En el retrovisor, la imagen de la ciudad se diluÃa en niebla,...
La luz pálida del alba resbalaba sobre los tejados de Moscú cuando Dmitri Ivanovich cruzó la Plaza Roja por trigésima vez esa semana. Nadie, salvo quien lo vigila desde el banco congelado de la esquina, podrÃa sospechar que bajo esa ruina gris d...
Las nubes se afilaban como cuchillas sobre la sierra. Cuando Omar llegó al linde del bosque, su pecho dolÃa con un temblor antiguo: las palabras que pesaban aún más que la altitud. HabÃan passado seis dÃas desde que el camión militar descendiÃ...
Un relámpago fragmentó el cielo sobre la ciudad adormilada, iluminando por instantes las ventanas mugrosas de los edificios descuidados. El ruido del trueno calló la sirena que solÃa entonar su quejido cada noche, recordando a todos que la vigil Leer más...
Un relámpago fragmentó el cielo sobre la ciudad adormilada, iluminando por instantes las ventanas mugrosas de los edificios descuidados. El ruido del trueno calló la sirena que solÃa entonar su quejido cada noche, recordando a todos que la vigil Leer más...
El dÃa en que el presidente Olumide fue derrocado, el cielo de Abuja tenÃa ese color de cobre denso que solo podrÃa augurarse tras una larga sequÃa. La noticia cruzó los postes de radio desperdigados en los mercados: Olumide ya no gobernaba, y Leer más...
Miras las manos, y piensas que esas lÃneas antiguas, cruzando la piel como cauces secos, nunca te traicionarÃan. Las peleas —las verdaderas, no esas que se muestran en la pantalla, con coreografÃas estudiadas— dejan un sabor a miedo rancio y Leer más...
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