Vuelvo a escuchar el silbido del tren aun cuando la vía está despoblada y cubierta de malas hierbas. Mi infancia se quedó anclada en esta curva del Delta, donde el aire es tan denso como la sangre tibia, y cada atardecer parece arrastrar consigo ...
La brisa tibia del atardecer hacía restallar los álamos frente al caserón Merriwether, en la profundidad de un condado sin nombre, más abajo de la línea Mason-Dixon, donde el calor y los recuerdos se quedaban para mirar a los vivos como si supi...
Puedo oler la tierra mojada desde el porche, esa arcilla roja tan espesa que podría tragarse a un niño si se queda dormido bajo el sol. Mamá dice que la humedad se cuela en las venas y provoca sueños extraños, por eso pongo los pies en la baran...
Había llovido seis días y seis noches en Willow's End. El agua, con una terquedad sólo igualada por los muertos del cementerio, avanzaba despacio y constante, obsidiánica, sobre el camino de tierra roja que llevaba a la vieja casa de los Culver....
Cuando llegué, la plantación Ressler estaba ya doblegada bajo el peso de setenta años sin cosechas. Las ramas largas de los sauces peinaban la grave humedad del aire, que olía a algodón fermentado y al aliento cálido del río. El mayoral me ob...
Todo se pudre en verano; así decían las abuelas, con los labios llenos de tabaco y los ojos desviados hacia las hileras de secoyas retorcidas. La casa Van Cleef se alzaba, tosca y sin remilgos, al borde de un pantano insomne que nunca aprendió a ...
La joven primavera se negaba a barrer el aire febril de Nuveland, Mississippi, donde el barro rojo lamía las raicillas de los cipreses retorcidos en las colinas y la decadencia se prendía a las fachadas despintadas de las viejas casas coloniales. E...
El carruaje se fracturó contra un bache del sendero como la respiración súbita de un moribundo, y Estella empujó la puerta de terciopelo con una mano enguantada, su corazón batiendo con una mezcla deliciosa de recelo y ansia. La cerca de hierro Leer más...
Uno no suele preguntarse cuándo comienza en realidad el infortunio, pues la vida está vencida de tránsitos imperceptibles; pero, en mi caso, parece que el infortunio escogió presentarse una noche de finales de octubre, cuando el viento llevaba l Leer más...
El carruaje se fracturó contra un bache del sendero como la respiración súbita de un moribundo, y Estella empujó la puerta de terciopelo con una mano enguantada, su corazón batiendo con una mezcla deliciosa de recelo y ansia. La cerca de hierro Leer más...
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