La noche se deslizaba lenta sobre la ciudad como un manto denso, y los fugitivos rayos de la luna apenas se filtraban entre las nubes encrespadas. Esa noche, en el edificio desvencijado de la calle Gómez Ferrer, reinaba el más absoluto de los sile...
No era exactamente una noche oscura y tormentosa, aunque no hubiera estado fuera de contexto encontrar relámpagos dibujándose en los cielos de la ciudad. Era, más bien, una de esas noches viscosas, en las que el aire parece saberse portador del s...
Si me he aventurado a consignar para la posteridad esta historia, no es por orgullo, ni siquiera por la vanidad taimada que me atribuyen –con acierto, por cierto– algunos amigos de juventudes idas. Lo hago, quizá, como quien deja un testamento,...
No hay rincón en la ciudad que no conozca la leyenda de Olga, la costurera. Dicen que el eco de sus tijeras sigue resonando por los adoquines entre la plaza desierta y el túnel del Metro que ya nadie usa. Solo los borrachos y los desvelados se atr...
En las hendijas imaginarias de una ciudad como cualquier otra –donde las farolas titilan noche tras noche, y los taxis dejan halos de luz sobre la acera mojada– existen grietas por las que se escabullen historias, a veces más reales que la memo...
En un descampado de las afueras de Buenos Aires, entre las sombras vegetales de sauces antiguos y nerviosas, se erguía la mansión Adrogué, superviviente indeseada de un siglo que desconfiaba ya de las casas. Cierta gente afirmaba que sólo la noch...
En un tiempo anterior a la curvatura de los astros y al encaje de las montañas bajo los ojos húmedos de la aurora, vivía en el confín un hombre llamado Belario, cuyos días se arrastraban entre nieblas y memorias, y cuyas noches, extendidas y son Leer más...
Era una noche en la que el bosque yacía sumido en una atmósfera vaporosa, apenas rasgada por el blanco intenso de una luna repleta de secretos. El silencio era casi absoluto, salvo por el esporádico croar de una rana o el leve crujir de una rama Leer más...
En un tiempo anterior a la curvatura de los astros y al encaje de las montañas bajo los ojos húmedos de la aurora, vivía en el confín un hombre llamado Belario, cuyos días se arrastraban entre nieblas y memorias, y cuyas noches, extendidas y son Leer más...
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