Nadie recuerda reclamar su propio nacimiento, y yo, que a veces ando dudando hasta del nombre en la cédula, tengo por costumbre evocar los comienzos como quien busca la raíz última de una planta tenaz. Las raíces siempre tienen barro y secretos....
La pipa humeaba junto a mi mano, las volutas girando perezosas entre los recortes de luz que, desde la calle, conseguían colarse al Despacho Oval. Yo, Nixon, presidente caído, rey en un palacio de paredes de mármol y pisos alfombrados por confide...
Aprendí pronto que la vida es una extraña melodía tocada entre los estremecimientos de la casualidad y un destino que nadie ha pedido. Recuerdo una tarde en Viena, una primavera precoz burlando la desolación, cuando mi padre me habló de los dios...
Era 2048, y la Señora Olivia Turner reconocía las señales de un nuevo día a través de los matices azules y dorados que atravesaban los barrotes de su ventana. El tiempo ya no era un río enérgico, sino un estanque, calmo y brillante en la super...
Desde mi infancia en Viena, jamás imaginé que mi vida tomaría los caminos tan oscuros y tortuosos por los que luego habría de transitar. En casa, la amabilidad era moneda corriente y el amor a la cultura y al estudio, un mandato tácito. Pronto d...
El banco de la plaza estaba recién barnizado. Yo lo olía todo, hasta los deseos secos de los árboles y la nostalgia húmeda de las palomas. Me senté y miré a mi alrededor, sintiendo la tierra entre las uñas y los ojos de los otros flotando, con...
A veces el olor a rocío se mezclaba con el hedor del sudor y la ropa áspera antes del amanecer, cuando mi aliento temblaba en el aire húmedo del campo, y aún podía dudar de si el día sería mi último como hombre; o mejor dicho, como cosa a la Leer más...
Me llamo Primo Levi y escribo estas páginas en plena conciencia de estar jugando con la memoria, esa materia viscosa que se deforma bajo el peso de la razón y las emociones. Cuando repaso mi historia, noto que la memoria nunca es inocente: escoge, Leer más...
El invierno de 1944 nunca fue solo una estación. Era una especie de presencia, un interlocutor áspero, un testigo inmutable en los días más largos y las noches más breves de mi vida. Yo, el hombre que alguna vez creyó que la mente humana podí Leer más...
A veces el olor a rocío se mezclaba con el hedor del sudor y la ropa áspera antes del amanecer, cuando mi aliento temblaba en el aire húmedo del campo, y aún podía dudar de si el día sería mi último como hombre; o mejor dicho, como cosa a la Leer más...
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