Dire Bound. Alma de lobo
De sangre y cenizas. Edición especial limitada. Romance paranormal.
El Archivo de las Tormentas (estuche con los tres volúmenes)
Edición limitada de la novela Anatema.
Hay algo malo en casa
Powerless (edición especial limitada)
Portada del relato Murmullos tras la cúpula de cristal
Sin valoraciones
  Leer   Escuchar   PDF   ePub   Compartir

Fragmento:


La comunidad se extendía bajo una nube de vidrio, vasta y reluciente. Bajo la cúpula, la luz del sol era regulada, filtrada hasta suavizar la realidad de los vivos. Programadores de clima alteraban la lluvia en finos intervalos, mares de casas idénticas se perfilaban entre hileras de árboles que no mudaban su corteza. El césped siempre igual, tan exacto en su rectángulo; las flores contenidas y orquestadas para abrirse al unísono cada mañana, una sinfonía predecible.

Duración: 04:22

Murmullos tras la cúpula de cristal
-a / +A

La comunidad se extendía bajo una nube de vidrio, vasta y reluciente. Bajo la cúpula, la luz del sol era regulada, filtrada hasta suavizar la realidad de los vivos. Programadores de clima alteraban la lluvia en finos intervalos, mares de casas idénticas se perfilaban entre hileras de árboles que no mudaban su corteza. El césped siempre igual, tan exacto en su rectángulo; las flores contenidas y orquestadas para abrirse al unísono cada mañana, una sinfonía predecible.

La promesa original fue la erradicación del sufrimiento. Nadie aquí conocería la soledad, pues todos estaban enlazados a la Red Empática, un viscus digital insertado al nacer. Ni los secretos ni las lágrimas podían acumularse; las emociones fluyen entre tantos, diluidas, nunca fatales. Los niños aprendían a caminar y a compartir un dolor que nunca era solo suyo. Pocos recordaban ya cómo eran las antiguas habitaciones privadas donde cerrabas la puerta y la angustia era toda tuya.

Eva creció uno, dos, cinco años, sintiéndose levitar en esa atmósfera ecuánime. En la escuela, la curiosidad era recompensada hasta el punto justo, antes de que se tornara peligrosa. Podías preguntar cómo crece una semilla, pero no por qué la cúpula bloqueaba la verdadera beeja del sol. Ella vio a una maestra llorar en un rincón, tocando su pulsera nerviosamente hasta que la tristeza fue absorbida por el sistema, y la sonrisa volvió, vacía, reinstalada.

La comida sabía siempre parecida: una optimización nutricional decretada por el Consejo. Los cubos de proteínas, las hortalizas gemelas, los panes exactos, sin una sola miga de azar. Algunos susurraban que fuera de la cúpula existían aún las frutas impredecibles, con motas y venas, llenas de la promesa de un sabor defectuoso, extraordinario.

Los adultos trabajaban en turnos asignados para evitar el tedio, rotando cada seis meses, excepto por aquellas tareas reservadas al Enlace Social, que consistía en vigilar los índices de felicidad y restar los pensamientos inconvenientes. Los sueños eran objeto de gestión: cada noche, la Inteligencia Onírica insertaba en la mente de cada ciudadano un relato de acuerdo a los eventos del día, para evitar perturbaciones nocturnas. Los recuerdos comenzaban a confundirse: ¿había sido hoy el día de la excursión infantil al lago digital? ¿O había sido solo una imagen implantada, compartida como una sonrisa dócil?

A veces, en los pasillos entre los cultivos verticales, los murales reproducían escenas de antiguos veranos. Niños llenos de barro, mujeres bailando bajo la lluvia, hombres riendo mientras el viento hacía caer las copas. La imagen era bella, pero Eva notaba cómo los ojos de los adultos se endurecían al pasar frente a ellos, deteniéndose apenas un instante más de lo reglamentario.

Una noche, la Red Empática palpó un inusual temblor. Eva no pudo dormir: sentía un eco sordo de angustia, persistente, que venía de algún rincón oscuro de la cúpula. Un fallo, tal vez, o una fuga. Al día siguiente, la rumorología crecía: alguien había sido retirado. Siempre decían “retirado”, nunca “detenido” o “eliminado”. La ausencia era rellenada de inmediato, la cuota afectiva redistribuida como la arena de un jardín zen. La pulsación, la inquietud que había estado en la red, se disipó. Un protocolo activó la alegría calmante, y todos respiraron aliviados.

Eva, sin embargo, comenzó a buscar esos bordes inestables donde la cúpula se unía al suelo. Allí, a veces, escuchaba el temblor de un viento real, uno que no estaba en los códigos del sistema. Llegó el día en que encontró el arbusto que no florecía, la mariposa detenida en una esquina ajada del cristal. Espió a través de la grieta y vio todo lo informe, lo salvaje y lo caótico: árboles torcidos, hierba enmarañada, flores marchitas y brillantes y tristes y verdaderas.

La utopía se mantenía por el miedo a esa visión, porque la perfección era temida menos que la incertidumbre. Eva no escapó. Se sentó junto a la grieta, añorando lo indócil, sabiendo que la posibilidad de dolor era el jardín que nadie podaba. Al volver, observó los rostros de sus compatriotas, y le pareció que cada sonrisa tenía la forma silente de una jaula.

Dire Bound. Alma de lobo
De sangre y cenizas. Edición especial limitada. Romance paranormal.
El Archivo de las Tormentas (estuche con los tres volúmenes)
Edición limitada de la novela Anatema.
Hay algo malo en casa
Powerless (edición especial limitada)

Copyrights © 2025 Ficcionalia.com. Todos los derechos reservados.

Ofertas Amazon: En calidad de Afiliado de Amazon, obtengo ingresos por las compras adscritas que cumplen los requisitos aplicables.