Trilogía de libros de bolsillo Dímelo
Alchemised: No queda nadie a quien salvar
Dos coronas retorcidas (EDICIÓN ESPECIAL LIMITADA)
Tras la puerta
Cuarto Mundo 1983 (Trilogía del Cuarto Mundo vol.1)
La chica del lago
Portada del relato La Voz en la Pared
Sin valoraciones
  Leer   Escuchar   PDF   ePub   Compartir

Fragmento:


Daniel trabajaba como investigador privado. Su oficio ya le había brindado suficientes razones para desconfiar de todo y de todos, incluida su mente. Sus últimos casos habían sido especialmente duros. Cuerpos desaparecidos, matrimonios rotos, miradas de resentimiento. Cada expediente que cerraba parecía dejarle un anzuelo invisible clavado en la conciencia. El más reciente, sin embargo, destacó pronto sobre todos los demás.

Duración: 04:37

La Voz en la Pared
-a / +A

No fue el insomnio lo que llevó a Daniel hasta el umbral de la locura, sino el sonido, grave y sibilante, de una voz que no parecía propia. Lo recordaba bien: era medianoche, las agujas del reloj resplandecían como insectos en la penumbra, y de la nada, una palabra atravesó la quietud: "Recuerda". Parecía una broma, quizá un retazo de sueño arrastrado a la vigilia. Pero luego la voz fue repitiéndose, cambiando de tonos, haciéndose tan familiar e íntima como la suya misma.

Daniel trabajaba como investigador privado. Su oficio ya le había brindado suficientes razones para desconfiar de todo y de todos, incluida su mente. Sus últimos casos habían sido especialmente duros. Cuerpos desaparecidos, matrimonios rotos, miradas de resentimiento. Cada expediente que cerraba parecía dejarle un anzuelo invisible clavado en la conciencia. El más reciente, sin embargo, destacó pronto sobre todos los demás.

Una mujer llamada Clara le había contratado para encontrar a su hermano, Olegario, supuestamente desaparecido. La familia estaba convencida de que Olegario simplemente había decidido empezar de nuevo, lejos de tantos compromisos, pero Clara sentía algo más profundo, una corazonada envuelta en pesadillas. Daniel recordó la intensidad de sus ojos, casi como si quisiera transferirle la obsesión.

La investigación fue complicada: ni una pista firme, cámaras de seguridad con zonas muertas, mensajes sin sentido en el ordenador de Olegario. Lo peor de todo fue descubrir, semanas después y en completa soledad, que los archivos más reveladores del caso aparecían y desaparecían de su propio portátil. Nombres, fechas, fotografías del rostro de Olegario desenfocado, como si el hombre estuviera en todas partes y en ninguna.

La segunda aparición de la voz ocurrió tres semanas más tarde. Estaba Daniel clasificando facturas, cuando un murmullo se deslizó debajo de la puerta del recuerdo: "No cierres los ojos". Un escalofrío le recorrió la nuca. Subió el volumen del televisor, intentó ignorarlo, pero las palabras parecían adherirse al aire de la habitación, como una humedad invisible.

Empezó a notar otros detalles inquietantes. El reflejo en el espejo tardaba un segundo de más en moverse. Las sombras en el pasillo estirándose sin motivo. Luces parpadeando en la casa del vecino y llamadas nocturnas que se cortaban justo cuando respondía. Las voces se multiplicaban. A veces eran siseos incomprensibles; otras, la voz grave de Olegario martillando su mente: “Busca bajo la escalera”.

Sin saber bien por qué, Daniel obedeció. En la penumbra del trastero, bajo la escalera de su propio edificio, encontró una caja con carpetas arrugadas, todas etiquetadas con su propio nombre. Las fechas correspondían a días que debía haber olvidado. El corazón se le comprimió al reconocer fotografías tomadas desde la calle, justo en los momentos en que él salía cada mañana cigarrillo en mano. Al fondo de la caja, un sobre amarillo: en su interior, un pen drive y una nota perfectamente caligrafiada: “Acepta quién eres”.

La serie de vídeos contenida en el pen drive mostraba escenas inquietantemente conocidas: él mismo, espiando a Clara, recogiendo objetos de la basura de la familia Olegario. Nada de esto recordaba haberlo hecho, y sin embargo, los detalles eran inconfundibles: la ropa, la postura de su cuerpo, incluso las pequeñas manías gestuales que le distinguían. ¿Se estaba volviendo loco?

Las noches siguientes dejaron de tener distinción del día. Daniel apenas diferenciaba ya sus propios pensamientos de las voces que lo asolaban. Volvió a los lugares del caso: la portería donde Olegario fue visto por última vez, el bar de la esquina, la librería cerrada a cal y canto. Cada vez que creía avanzar, un nuevo detalle lo devolvía al punto de partida o, peor aún, a él mismo como sospechoso.

Se obsesionó con grabar sus propias jornadas. En la repetición de vídeos y audios, sólo alguna frase —siempre la misma— emergía nítida entre la estática: “Nadie está perdido si no se busca”. Daniel empezó a cuestionarse si Olegario alguna vez había existido fuera de las palabras de Clara, si tal vez ella había implantado el caso en su mente para llevarlo hasta el borde, como un experimento perverso sobre la percepción.

Cuando finalmente fue a confrontarla, la encontró sentada en el parque, bajo una farola amarilla, vestida de forma impersonal, como una figura de cera olvidada. “¿Por qué me elegiste?” preguntó Daniel. Clara sonrió con una dulzura inquietante. “Tú mismo me llamaste. Es sólo que aún no lo recuerdas.”

Esa noche, las voces callaron. Daniel caminó de vuelta, preguntándose cuántas veces había contado esta misma historia, a interlocutores diferentes, en lugares distintos, esperando siempre el mismo desenlace y hallando eternamente la misma maraña de reflejos y de nombres. Al cerrar la puerta, creyó escuchar su propia voz, clara y nítida, susurrando desde otra habitación: “No cierres los ojos”. Y supo, por fin, que jamás los volvería a abrir.

Trilogía de libros de bolsillo Dímelo
Alchemised: No queda nadie a quien salvar
Dos coronas retorcidas (EDICIÓN ESPECIAL LIMITADA)
Tras la puerta
Cuarto Mundo 1983 (Trilogía del Cuarto Mundo vol.1)
La chica del lago

Copyrights © 2025 Ficcionalia.com. Todos los derechos reservados.

Ofertas Amazon: En calidad de Afiliado de Amazon, obtengo ingresos por las compras adscritas que cumplen los requisitos aplicables.