Dos coronas retorcidas (EDICIÓN ESPECIAL LIMITADA)
Saga completa en castellano. Edición limitada.: 1-6 (Saga Blackwater)
La chica del lago
Ellos me quieren encontrar, pero yo los encontrare primero.
Alchemised: No queda nadie a quien salvar
Hay algo malo en casa
Portada del relato La Maldición de la Perla Escarlata
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Fragmento:


El frío era el primero en llegar. No el frío mortal de las tempestades, sino el frío oscuro, ese que te atraviesa la carne y anida ahí, entre el esternón y la espina; el frío que a veces sospechas no te abandonará jamás. Sentí el hielo esparcirse dentro de mí mientras intentaba recordar el color exacto de mis ojos. En ese limbo resbaladizo, donde ni los sueños logran enraizarse, mis pensamientos daban vueltas, tropezando unos con otros, confusos, intoxicados por la promesa de una historia sin final.

Duración: 04:56

La Maldición de la Perla Escarlata
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El frío era el primero en llegar. No el frío mortal de las tempestades, sino el frío oscuro, ese que te atraviesa la carne y anida ahí, entre el esternón y la espina; el frío que a veces sospechas no te abandonará jamás. Sentí el hielo esparcirse dentro de mí mientras intentaba recordar el color exacto de mis ojos. En ese limbo resbaladizo, donde ni los sueños logran enraizarse, mis pensamientos daban vueltas, tropezando unos con otros, confusos, intoxicados por la promesa de una historia sin final.

Pasaron días, o quizá siglos. Y luego, todo se apresuró. Volví a la conciencia de repente, como quien es arrastrado hacia arriba por una ola furiosa, y jadeé con pulmones que no recordaba tener. La habitación era oscura, olía a especias y sudor seco, la débil luz de una vela devolvía formas vacilantes sobre las paredes. Supe enseguida, en el caprichoso lenguaje de la sangre, que aquel cuerpo bajo la fina sábana era mío y no lo era. Mi corazón, ajeno y familiar, golpeaba fuerte tratando de batir alas.

La voz llegó antes que los recuerdos. "No abras los ojos todavía." Era áspera, gastada por el vino o el dolor. Obedecí por instinto; cuando has viajado tanto, aprendes a no desafiar a los guardianes de umbrales. "¿Quién eres?", pregunté, y mi voz era distinta: más profunda, más varonil de lo que recordaba, cargada de matices que presagiaban violencia y placer a partes iguales. La figura se acercó, y una mano callosa rozó la línea de mi mandíbula. Su caricia era una promesa y una amenaza. "Eres mío por ahora. Si quieres seguir siéndolo, escucha bien."

Así lo hice. Escuchar es la primera de las armas de los condenados. Ella, la bruja — aunque nunca sabré su nombre, nunca sabré si siquiera era real — me explicó la transacción implícita de mi regreso. No era gratuita, ni elegida: la fuerza que me había traído de vuelta buscaba algo de mí. Yo era la respuesta a una pregunta no formulada en voz alta, el puente entre caprichos inconclusos. Mi pasado surgía a ráfagas inquietantes: una daga clavándose en carne, un amante ahogándose en su propio grito, el sabor a cobre tras unas manos mojadas en sangre. Todo lo que fui: cazador, hechicero, hijo, verdugo, amante bajo lunas extrañas; todo lo que hice palpitaba en mi nueva carne.

Los días fueron mosaicos de sensaciones y enseñanzas. Aprendí que la piel puede guardar el eco de heridas que nunca recibió; que, en la noche, los espejos revelaban rostros tras los míos, fragmentos de otras vidas parpadeando en su superficie de mercurio. La bruja se convirtió en mi guía, mi guardiana y mi carcelera. Su voz era el lazo que me impedía huir, porque en cada frase estaba el secreto de mi permanencia. Me enseñó a manejar los deseos que acompañan a los cuerpos adultos: hambre, furia, deseo. Aprendí a tomar y a recibir, a beber vino hasta embriagarme y a arrancar gritos de carne bajo mis manos, gimiendo por un calor que solo encontraba en las curvas y recodos del cuerpo deseado.

Pero a veces, en la cresta pegajosa del placer, sentía el olvido resbalar por mi espina. Ráfagas: un amante de cabellos claros huyendo bajo la lluvia, risas que se transformaban en llantos de siglos. Descubrí que el goce, igual que el tormento, es una puerta. Y cada vez que cruzaba, no sabía si al otro lado encontraría el rostro del lobo, de la bruja o de alguno de los otros habitantes de mi historia.

A niveles más profundos, la transacción se cobraba su precio. En las noches más oscuras, mi cuerpo temblaba bajo la presión de pasados que no siempre fueron míos, pero que ahora debía cargar. Una noche, mientras la luna caía roja entre cortinas sucias, ella se deslizó junto a mí. Sus uñas arañaron líneas de fuego en mi torso, y sus labios buscaron la herida invisible de mi renacimiento. "¿Lo recuerdas todo ahora?" susurró, y la pregunta tenía el filo de una amenaza.

La respuesta estaba entre mis dientes, muda. Recordaba demasiado. Recordaba los errores, los besos robados y las muertes necesarias y las innecesarias. Recordaba, también, que por cada vida tomada, una luna menguaba en el cielo de mis noches. Ella lo supo antes que yo. "Cada vez vienes peor," dijo. "No sé cuánto más resistirá tu alma antes de romperse del todo."

Una noche supe que la última lujuria sería el final. Lo sentí en la forma en que ella se arqueaba contra mí, en la energía feroz con la que me hundí en su carne. Con cada gemido, con cada golpe de cadera, supe que me perdía, que un fragmento de mí era reclamado por ese limbo donde los fragmentos esperan su turno. El placer fue un grito, largo y vacío, y cuando terminé, la bruja estaba cadáver en mis brazos, la piel aún caliente, los ojos abiertos sobre un vacío antiguo. Me miraron con odio y ternura. "Nos vemos después," susurró una voz dentro de mi cráneo.

Me encontré solo, otra vez. El frío volvió, distinto esta vez: un abrazo conocido, casi dulce. Y supe, mientras la oscuridad me envolvía, que nuevas manos — tal vez aún menos misericordiosas — me darían forma, que lo que fui y lo que sería volverían a enfrentarse, lujuriosos y hambrientos, bailando eternamente sobre los despojos de mi carne y mi memoria. Que el precio de volver es recordar, y el castigo, olvidar quién soy cada vez que muero en unos brazos distintos.

Dos coronas retorcidas (EDICIÓN ESPECIAL LIMITADA)
Saga completa en castellano. Edición limitada.: 1-6 (Saga Blackwater)
La chica del lago
Ellos me quieren encontrar, pero yo los encontrare primero.
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Hay algo malo en casa

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