Fantasía Urbana con Romance Paranormal y Almas Destinadas a estar Juntas
Novela romántica Antes del amor
Novela El calendario del amor
La chica del lago
Pack Harry Potter - La serie completa
Trilogía de libros de bolsillo Dímelo
Portada del relato Cenizas bajo la luna
Sin valoraciones
  Leer   Escuchar   PDF   ePub   Compartir

Fragmento:


Esta mañana, la sal no se va. Brilla en la comisura de mi boca, se instala en cada pliegue de mis dedos. No desayuno, sólo bebo agua fría, esperando que eso me despierte más del presente que de otro siglo. El agua, en cambio, arrastra mareas de imágenes: mi cuerpo robusto y masculino enfrentando una tormenta, mis órdenes perdiéndose en el viento, la madera crujiente de la cubierta como único ancla a la realidad. Era capitán o lo que en ese entonces equivalía. Tuve amantes de ambos sexos, pero sólo una vez un corazón roto me lanzó por la borda, más que la tempestad.

Duración: 05:20

Cenizas bajo la luna
-a / +A

Me llamo Violeta. Hoy, al despertar, mi cama huele a sal marina, pero no vivo cerca del océano. Cuando abro los ojos, el sol filtra su luz entre las cortinas y por un instante sólo soy la mujer que se dejó caer en el colchón la noche anterior, exhausta, con la piel todavía tibia por las manos de mi amante. Sin embargo, al parpadear, siento otra piel recubriendo la mía. No puedo verla, pero la memoria de la seda desgastada contra mis muslos parece tan vívida como la sábana real. A mi lado, Bruno sigue dormido, roncando suavemente. No entiende, ni podría, porque no pertenece también a esa otra vida deteniéndose a menudo en mis sueños.

En mi infancia, la primera vez que conté algo así, mi madre me pidió que dejara de inventar. Nunca más se habló de la chica que veía castillos derrumbados y tocaba una flauta de hueso en bosques que no podía haber existido. Aprendí a callar, pero nunca a dejar de sentirlos. Cada vida, una raíz enroscada en mi alma, lista para trepar hacia la superficie en noches de insomnio o cuando alguien pronuncia un nombre que no me es ajeno, aunque debería serlo.

Esta mañana, la sal no se va. Brilla en la comisura de mi boca, se instala en cada pliegue de mis dedos. No desayuno, sólo bebo agua fría, esperando que eso me despierte más del presente que de otro siglo. El agua, en cambio, arrastra mareas de imágenes: mi cuerpo robusto y masculino enfrentando una tormenta, mis órdenes perdiéndose en el viento, la madera crujiente de la cubierta como único ancla a la realidad. Era capitán o lo que en ese entonces equivalía. Tuve amantes de ambos sexos, pero sólo una vez un corazón roto me lanzó por la borda, más que la tempestad.

Le he contado a Bruno una vez, hace meses, cuando después del orgasmo, la vulnerabilidad me pesó menos que el silencio. Me escuchó con gesto sereno, aunque sus dedos meaban lentos círculos en mi espalda, como para anclarme. "Eso suena increíble," me susurró. "Pero yo te quiero a ti. Ahora." Esa noche lo creí. Pero mientras recojo la ropa del suelo y escucho la radio resucitar música olvidada, la pertenencia se me escapa.

Camino a la oficina, me invade la certeza de que no estoy del todo aquí. Sé que, debajo de mi falda y mi camisa blanca, resuena el lamento de una mujer que una vez fue prendida fuego en la plaza pública, el grito inconcluso de un niño con los pulmones llenos de polvo, la risa sorda de una cortesana en una ciudad donde nadie recuerda el nombre de las calles. A veces los encuentro en los ojos de los desconocidos; me sonríen, me atraviesan, me observan con el mismo asombro que una sombra buscando a su cuerpo.

En la oficina todo huele a desinfectante y pantalla quemada. Me espera un montón de llamadas, informes y promesas de ascenso que ya no significan nada. Pero el café de la señora Rosario, la conserje, es lo único real. "¿Pasa algo, Violeta? Hoy tienes la mirada rara." Le sonrió y le digo que dormí poco, el cliché aceptable. En verdad, estoy sopesando si alguna vez alguna de mis vidas pudo llamarse Rosario. Siento su calidez maternal como la de una abuela italiana, aunque la señora Rosario ni siquiera es italiana.

Mi peor miedo —y mi mayor deseo— es que un día las voces decidan quedarse. Que una memoria en especial se imponga, reclamando tanto mi carne como mis días. Alguna vez intenté buscar alivio con un terapeuta. Hablé de vidas imaginarias, sueños extraños y la sensación de estar desdoblada. Me sugirió pastillas, pero después de unas semanas, el resultado fue la niebla. Preferí el sufrimiento nítido y atroz a una paz robótica.

Hoy me cruzo en la calle con una mujer que huele a almendras amargas. Estremezco, porque el perfume me lleva a una boda que no recuerdo haber tenido. Colores intensos, oro y carmín, manos tatuadas con henna en la piel morena que no es la mía. Le sonrío, sus ojos se abren demasiado y sé, sin palabras, que ella también ha mentido sobre quién duerme en su cama.

La noche vuelve, rápido como un parpadeo furtivo. Regreso a casa y el sonido del agua en las cañerías me recuerda otra vez el mar, la flauta, la hoguera, el polvo y la henna. Bruno lee el periódico en el sofá, distraído. Quiero preguntarle si alguna vez también siente que hay dedos invisibles tocándole los párpados al dormir. Pero me abstengo. En cambio, me siento a su lado, le tomo la mano —y esa simple caricia me planta aquí, ahora, aunque a mi espalda aceche la multitud de quienes fui.

La pasión entre nosotros es menos un incendio que una plegaria murmurada. En el sexo, mi cuerpo vibra bajo sus dedos, pero en la penumbra dejo que me posean, por breves segundos, todos mis nombres y todos mis pasados. Es aquí, en el vértigo del placer, donde siento que ya no importa quién fui, que todo es carne y deseo, y que la eternidad sólo cabe en un instante tras el gemido ahogado que, finalmente, es sólo mío.

Después, Bruno me dice: "No sé por qué, pero siempre siento que no te conozco del todo." Apoyo mi frente en la suya y le susurro, a medias broma, a medias verdad, que ni yo misma sé quién seré mañana. Porque cuando apague la luz, quizás despierte siendo capitán o bruja, amante o mendiga, o tal vez sólo Violeta, abrazada a la certeza cruel y hermosa de que un solo cuerpo nunca es suficiente para todas mis vidas.

Fantasía Urbana con Romance Paranormal y Almas Destinadas a estar Juntas
Novela romántica Antes del amor
Novela El calendario del amor
La chica del lago
Pack Harry Potter - La serie completa
Trilogía de libros de bolsillo Dímelo

Copyrights © 2025 Ficcionalia.com. Todos los derechos reservados.

Ofertas Amazon: En calidad de Afiliado de Amazon, obtengo ingresos por las compras adscritas que cumplen los requisitos aplicables.