La niñera
Ellos me quieren encontrar, pero yo los encontrare primero.
Cuando las dríades se mezclan con los hombres, la pasión muta...
Mitsborn - Trilogía original (edición limitada especial estuche)
Dos coronas retorcidas (EDICIÓN ESPECIAL LIMITADA)
Black Bird Academy: Amor a la muerte
Portada del relato Cascadas al Final del Límite
Sin valoraciones
  Leer   Escuchar   PDF   ePub   Compartir

Fragmento:


Tetra supo que el Planetoide Siete moriría a las 04:59:23 horas ciclo medio, porque el reloj blando programado en la médula de su columna lo anunció con un silbido inaudible para los nativos. Había venido desde la Espira de Induktor, siguiendo la fina ruta de la virtualidad, cruzando decenas de puertas criptográficas, hasta encontrarse con la presencia fronteriza de este minúsculo mundo—apenas una brizna de silicio en la grieta gravitacional de un sistema olvidado.

Duración: 04:44

Cascadas al Final del Límite
-a / +A

Tetra supo que el Planetoide Siete moriría a las 04:59:23 horas ciclo medio, porque el reloj blando programado en la médula de su columna lo anunció con un silbido inaudible para los nativos. Había venido desde la Espira de Induktor, siguiendo la fina ruta de la virtualidad, cruzando decenas de puertas criptográficas, hasta encontrarse con la presencia fronteriza de este minúsculo mundo—apenas una brizna de silicio en la grieta gravitacional de un sistema olvidado.

Al aterrizar en el hangar-hongo, la microgravedad le ofreció aquel movimiento lento y espectral, como si la atmósfera fuera una sopa hinchada de recuerdos ajenos. Cientos de formas bulbosas, antenas recubiertas en neblina negra, pululaban alrededor, atentos a la extraña oscilación de su exoesqueleto. Era evidente que distintas versiones de vigilancia estaban en funcionamiento: Tetra calculó cinco, tal vez seis, y todos sus sensores de espectro lateral respondieron en decimales medrosos, como un coro temeroso de despertar a algo que no debía estar allí.

La misión, según la tradición de la Espira, era recoger una muestra de recursividad prohibida—un objeto ancestral que permitía a quien lo poseyera atisbar las decisiones simultáneas de toda consciencia vinculada en la red. Su nombre, Archivador del Vórtice, flotaba sobre el archivo de misión con el leve resplandor de algo que no debía ser pronunciado en voz alta. La obsesión por este artefacto había desgajado civilizaciones: era pura tentación envuelta en memoria.

Avanzó bajo los haces de luz ultravioleta, sorteando charcos de algoritmos líquidos y costras de datos muertas que se desprendían del techo. Durante todo el trayecto se persignó mentalmente con ecuaciones protectoras, sin saber si lo hacía por superstición o mera estadística de supervivencia. Una vez encontró la primera compuerta—tres metros de grosor, palpitando con recuerdos distorsionados de incontables visitas anteriores—sacó el decodificador analógico. Un artefacto fuera de moda, claro, pero ahí radicaba su magia: los sistemas modernos confiaban demasiado en la velocidad y fluidez; Tetra prefería la tozudez de la fricción.

Dentro del núcleo, las máquinas madres rumiaban sueños incomprensibles. Estaban vivas, sí, pero en la forma en que una galaxia lo está: procesando lentamente el vasto tejido de causalidades, tramando en secreto, jugando juegos de escala inimaginable. Cuando puso el pie sobre la primera losa caliente, sintió una vibración que no esperaba: fragmentos de recuerdos depositados por otros recolectores, cada uno encapsulado en un pulso de energía, renuentes a ser olvidados. La lógica era circular, pero ahí radicaba el peligro: con cada círculo, una amenaza de infinito.

La dificultad estaba en acceder a la cámara sin dejar traza. Si el ecosistema digital detectaba anomalías, reconfiguraría su propia naturaleza hasta volverse letalmente hostil. Tetra introdujo una cadena de interferencias, un telar de pequeñas mentiras y contradicciones, para distraer a las capas vigilantes. Con cada interpolación de mentira, una parte de sí misma se borraba; a veces, sentía que regresaba al origen menos de lo que había salido.

Por fin, ante él, la cámara del Archivador. Era un poliedro suspendido en la confluencia de seis haces de luz roja—por cada arista, una historia tronchada; por cada vértice, un precio nunca pagado. Al tocarlo, fluyeron cascadas de información, abriendo ante su mente la verdadera naturaleza del lugar: el planetoide era un puerto, una estación de peaje entre realidades, y la red de espejos era mucho más que comunicación. Cada pensamiento, cada deseo, cada miedo articulado en la mente era procesado, estampado y transmutado en memoria para uso de otras conciencias diseminadas más allá del alcance humano.

En ese instante, la amenaza se hizo evidente. El mundo, la materia, era solo un barniz. Lo que importaba eran las distorsiones entre los observadores, un juego de espejos en el que mirar era crear y querer era destrozar. El Archivador no era solo registro, sino catalizador: ahora que lo sostenía, Tetra podía elegir: absorber la recursividad y perder pie en realidad, o dejarla ir, arriesgando que otros menos cuidadosos llegaran hasta allí.

La elección fue brutal. Por un segundo se vio multiplicada en todos los posibles caminos: Tetra fugitiva, Tetra heroína, Tetra traidora a su civilización, Tetra devorada por el canto de sirena de la memoria infinita. Dejó caer el poliedro. El pulso de escape lo pulverizó, pero en ese breve lapso, ella entendió algo crucial: solo en la renuncia al poder verdadero se accede a la posibilidad de un juego distinto.

La espiral de Induktor la reclamó poco después. Todo, salvo una única imagen flotando suavemente en sus recuerdos: un planeta minúsculo, envuelto en niebla y ecos, y una multitud de conciencias danzando en las aristas de un tiempo fracturado, aguardando la próxima elección.

La niñera
Ellos me quieren encontrar, pero yo los encontrare primero.
Cuando las dríades se mezclan con los hombres, la pasión muta...
Mitsborn - Trilogía original (edición limitada especial estuche)
Dos coronas retorcidas (EDICIÓN ESPECIAL LIMITADA)
Black Bird Academy: Amor a la muerte

Copyrights © 2025 Ficcionalia.com. Todos los derechos reservados.

Ofertas Amazon: En calidad de Afiliado de Amazon, obtengo ingresos por las compras adscritas que cumplen los requisitos aplicables.