Dos coronas retorcidas (EDICIÓN ESPECIAL LIMITADA)
Trilogía de libros de bolsillo Dímelo
Saga completa en castellano. Edición limitada.: 1-6 (Saga Blackwater)
Taquión: El Planeta: Ciencia ficción dura
MEMENTO MORI: Las Tumbas
Nacida de la llama: (La senda de los dragones, Libro1)
Portada del relato Ecos en las Montañas Sombrías
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Fragmento:


Siempre pensé que el viento no traía consigo más que arena y resquemores en esas llanuras de Nuevo México, pero esa tarde llegó con el inconfundible olor a pólvora vieja y miedo nuevo. Me llamo Luke Warren, y andaba debiéndole favores a más de un hombre y cuentas a la vida misma. A lomos de mi viejo rocín, avanzaba hacia la línea azulada de colinas que separa los dominios del hombre y el refugio de los fantasmas. El sol, bajo y rojizo, convertía el mundo en una sucesión interminable de sombras, y cada una parecía querer contarme su secreto.

Duración: 03:59

Ecos en las Montañas Sombrías
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Siempre pensé que el viento no traía consigo más que arena y resquemores en esas llanuras de Nuevo México, pero esa tarde llegó con el inconfundible olor a pólvora vieja y miedo nuevo. Me llamo Luke Warren, y andaba debiéndole favores a más de un hombre y cuentas a la vida misma. A lomos de mi viejo rocín, avanzaba hacia la línea azulada de colinas que separa los dominios del hombre y el refugio de los fantasmas. El sol, bajo y rojizo, convertía el mundo en una sucesión interminable de sombras, y cada una parecía querer contarme su secreto.

En la taberna de San Jacinto, me habían dicho que Jeannie Callahan regresó, contra toda lógica, a defender el rancho donde la noche se tragaba a quienes osaban enfrentarse al clan Craddock. Aunque la despensa estuviera tan vacía como mi alma, decidí acudir; la necesidad mueve hasta los corazones más flacos. Monté con el rifle bien a mano, porque los cuervos andaban nerviosos esa tarde, y un hombre debe saber leer las señales.

El rancho de los Callahan resultó menos un refugio y más una trinchera triste: contraventanas clavadas, sólo dos caballos en el corral, el humo de la chimenea dibujando terrores en el cielo, como si los muertos mismos quisieran volver. Jeannie me recibió sin sonreír; sus ojos eran un pozo oscuro donde se veían anidar la desconfianza y aquella vieja llama que una vez compartimos, antes de que la guerra y el tiempo lo quemaran todo.

—Sabía que vendrías, Luke —dijo ella, encendiendo una lámpara—. Allá afuera, hay hombres de Craddock, y no vendrán a negociar.

Mientras la noche caía, oímos cómo los coyotes ululaban y los grillos callaban, como si la naturaleza esperara, espectadora, un sangriento desenlace. Ray Callahan, el hermano menor, cargaba escopetas y tejía juramentos, aunque las manos le temblaban. “Hoy les enseñaremos de qué están hechos los Callahan”, murmuraba, más para convencerse que para convencernos.

Horas después, los jinetes de Craddock aparecieron, negro siluetas contra la luna, cabalgando despacio para imprimir miedo. Los disparos comenzaron pronto, el crepitar de la pólvora cortando la noche como una cuchilla vieja. Tumbados tras la tapia de piedra, sentíamos el zumbido de las balas por encima, la tierra mordiendo nuestras mejillas con cada impacto.

Recuerdo haber apuntado bajo y certero cuando vi la figura de Ned Craddock alzándose imponente entre el polvo: fue una fracción de segundo, pero bastó. Cayó de su caballo como si el cielo mismo lo hubiera empujado. El fuego cruzado arreció. El miedo tenía un regusto metálico, y los gritos de los hombres heridos sonaban más lejanos de lo que en realidad estaban.

En algún punto, la pólvora se mezcló con el olor a sangre y sudor. Ray logró volarles la puerta del granero, y otro par de matones se batieron en retirada, dejando tras de sí manchas oscuras en la arena. No fue heroísmo: fue la pura terquedad de no querer morir bajo la bota ajena.

Amaneció entre susurros, cenizas y un silencio que helaba los huesos. Los cuerpos de dos de Craddock yacían en el porche, inquisitivos en su quietud final. Jeannie me buscó la mirada, y en sus ojos vi la pregunta de siempre, la que no se responde con palabras: ¿Qué sigue después de tanta pérdida?

Ray lloraba bajito por una herida en el costado, la camisa empapada. Los caballos habían huido, y la vida, con su paso tan lento como implacable, volvía a llenar los huecos que la muerte había dejado.

—No sé si ganamos —dije, limpiando el rifle—. Pero aquí estamos, y eso a veces es más que suficiente.

Nunca regresé a San Jacinto. Por esos lares, el nombre Callahan comenzó a sonar otra vez entre las fogatas y en los caminos al anochecer. Aunque nada quedó intacto, a la vida le basta con unas pocas brasas para volver a encenderse, y yo aprendí a cabalgar hacia el siguiente amanecer, llevando conmigo las cicatrices y las sombras, porque en el Oeste nadie sobrevive limpio, y sólo los necios creen en finales felices.

Dos coronas retorcidas (EDICIÓN ESPECIAL LIMITADA)
Trilogía de libros de bolsillo Dímelo
Saga completa en castellano. Edición limitada.: 1-6 (Saga Blackwater)
Taquión: El Planeta: Ciencia ficción dura
MEMENTO MORI: Las Tumbas
Nacida de la llama: (La senda de los dragones, Libro1)

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