La inspectora gitana
Black Bird Academy: Amor a la muerte
Pack Harry Potter - La serie completa
La grieta del silencio
Fantasía Urbana con Romance Paranormal y Almas Destinadas a estar Juntas
Edición limitada de la novela Anatema.
Portada del relato Ecos en el puerto
Sin valoraciones
  Leer   Escuchar   PDF   ePub   Compartir

Fragmento:


El puerto de Ystad, un lugar al que la niebla parecía aferrarse como un asunto sin resolver, vertebraba el ánimo de una ciudad acostumbrada a los secretos. Era un martes cualquiera, cuando Alfhild Nyström, agente de policía de rostro pálido y paso parsimonioso, divisó la silueta encorvada de Sven Ahlgren caminando entre los contenedores. Las luces anaranjadas formaban halos temblorosos sobre los charcos, y el rumor del mar invadía el aire con una persistencia fatigada.

Duración: 05:59

Ecos en el puerto
-a / +A

El puerto de Ystad, un lugar al que la niebla parecía aferrarse como un asunto sin resolver, vertebraba el ánimo de una ciudad acostumbrada a los secretos. Era un martes cualquiera, cuando Alfhild Nyström, agente de policía de rostro pálido y paso parsimonioso, divisó la silueta encorvada de Sven Ahlgren caminando entre los contenedores. Las luces anaranjadas formaban halos temblorosos sobre los charcos, y el rumor del mar invadía el aire con una persistencia fatigada.

Ahlgren era alguien habitual en ese sector desangelado del muelle, pero esa noche, su andar era más errático de lo común. Bajo el brazo llevaba una carpeta roja, que apretaba casi con furia contra el pecho, como si en ella se guardara la última hebra de dignidad. Nyström tragó saliva y se cubrió con la bufanda. Nadie fue al puerto a esas horas sin motivo, pensó.

El inspector Lennart Vik había aprendido a desconfiar del silencio. Horas después, cuando el teléfono trilló con insistencia en su apartamento apenas iluminado por la luz gris de la madrugada, supo sin necesidad de explicaciones que la noche había engendrado otro enigma. El cuerpo de Sven Ahlgren yacía entre dos palés irregulares, la carpeta roja bien visible bajo el brazo derecho. Un charco oscuro se extendía bajo su cabeza, y un aliento salino saturaba el aire congelado.

—¿Qué tenemos? —preguntó Vik, agachándose junto al cadáver.

—Muerte por golpe contundente, —dijo una voz áspera. Era la forense, Anita Strömstad, de ojos pequeños y decididos—. Sin señal visible de lucha. Y esa carpeta, inspector... está vacía.

Vik recogió la carpeta con delicadeza, notando un ligero temblor en sus dedos. Vacía: ningún papel, ninguna pista visible, solo la persistente sospecha de un mensaje oculto. Miró a su alrededor. Las cámaras del puerto, pensó, eran notoriamente inútiles... pero tal vez esa vez, por una cruel ironía, alguna habría registrado algo.

En la comisaría, el ambiente era tan denso como el vapor de café barato. Nyström conectó una unidad USB con la esperanza de contener su impaciencia. Tras una larga espera, surgió una imagen: Ahlgren estaba con alguien más. La imagen era borrosa, típicamente sueca en su falta de definiciones: una silueta alta, abrigo oscuro, rostro oculto por la visera de una gorra. Solo un instinto casi animal parecía unirlos en esa escena: urgencia y temor.

Entre los pocos objetos del bolsillo de Ahlgren, destacaba un llavero con forma de ancla oxidada y una tira de papel arrugada. Vik desdobló el papel: “E. 4-17. No venir solo”. Era preciso, conciso. Pero ¿qué era E? ¿Un almacén? ¿Una dirección? Nyström tecleó en la base de datos. El almacén E4 era una nave decrépita, del lado menos frecuentado del puerto.

Cayeron gotas de agua desde el techo cuando Vik y Nyström empujaron la puerta del almacén oxidado. Dentro, el eco de sus pasos reverberó contra cajas apiladas y redes inservibles. Un hedor denso atrapaba la respiración. Pronto advirtieron un silbido lejano, y después, el retumbar de un objeto metálico rodando por el suelo. En un rincón, encontraron un pequeño dispositivo de grabación, aún encendido.

Vik presionó “replay” con el pulgar. En la grabación, la voz de Ahlgren temblaba: “…no entiendo para qué necesitan esto. No se puede seguir así.” Otra voz, apenas un susurro, respondía: “Ya es tarde para dudas, Sven. El canal debe seguir abierto.” Un tercer sonido—un golpe seco—, después, silencio.

—El canal... insisten con ese canal —musitó Vik—. Siempre ese maldito canal.

Esa semana, los rumores sobre negocios turbios alrededor del dragado del canal volvieron a circular. Había inspectores de obras, políticos de provincias, nuevos empresarios con dinero fresco y rostros anónimos. El informe que Ahlgren intentaba proteger —la carpeta roja— era la llave, y alguien había llegado antes.

La lluvia incrementó su tamborileo sobre el techo de la comisaría mientras Vik estudiaba los movimientos de varias personas vinculadas al canal. Una línea en particular lo sacudió: Lena Forsell, subdirectora del consejo portuario, figuraba en mensajes cruzados con Ahlgren. Lena tenía fama de inquebrantable, pero bajo la superficie de firmeza se le adivinaba el rastro de una ansiedad punzante.

La convenció de encontrarse. Lena llegó puntual, vestida de gris, como si quisiera diluirse en el ángulo entre dos edificios.

—¿Por qué tenía miedo Sven? —preguntó Vik directamente.

Lena miró al suelo. La voz, cuando habló, era casi inaudible.

—Sven iba a entregar detalles sobre ciertas transferencias. No sólo sobre el canal, Lennart... También sobre la licitación de los muelles nuevos. Había papeles. Gente a la que no le gustaba ese tipo de papeles.

Vik la observó. Un escalofrío subió por su espalda. Le habló del papel hallado en el bolsillo de Ahlgren.

—E. 4-17 —dijo Lena—. Eso es una referencia cruzada de ficheros antiguos. Ábrelo, inspector. No soy la única que vive con miedo.

La búsqueda fue larga, mecánica, interrumpida por ruidos de tubos y llaves en pasillos húmedos. Finalmente, en el fichero E4, cajón 17, hallaron un documento. Era un sobre dirigido a “Comisaría, atención Vik”. Dentro, una lista minuciosa de pagos, cheques cruzados, nombres de empresas interpuestas: la radiografía de la corrupción.

—Estas personas, Lena… —susurró Vik.

—Esto no comenzó sólo con el canal. Nadie se salva, inspector. La niebla del puerto es también la niebla del alma humana.

En la madrugada, cuando el caso apenas comenzaba a develar sus capas, Vik sintió de golpe el cansancio de toda una ciudad acostumbrada a los pactos de silencio. Pensó en Ahlgren, en Lena, en los otros nombres polvorientos de la lista. Y se preguntó cuánto quedaría, tras la niebla, de la verdad.

La inspectora gitana
Black Bird Academy: Amor a la muerte
Pack Harry Potter - La serie completa
La grieta del silencio
Fantasía Urbana con Romance Paranormal y Almas Destinadas a estar Juntas
Edición limitada de la novela Anatema.

Copyrights © 2025 Ficcionalia.com. Todos los derechos reservados.

Ofertas Amazon: En calidad de Afiliado de Amazon, obtengo ingresos por las compras adscritas que cumplen los requisitos aplicables.