Tras la puerta
Black Bird Academy: Amor a la muerte
El Archivo de las Tormentas (estuche con los tres volúmenes)
Fantasía Urbana con Romance Paranormal y Almas Destinadas a estar Juntas
De sangre y cenizas. Edición especial limitada. Romance paranormal.
Saga completa en castellano. Edición limitada.: 1-6 (Saga Blackwater)
Portada del relato Alguien cuida del jardín
Sin valoraciones
  Leer   Escuchar   PDF   ePub   Compartir

Fragmento:


El otro conflicto le aguardaba en vídeo: la reunión matutina con el departamento de recursos humanos, para discutir "bienestar y conexiones", un recordatorio de que hasta la empatía podía programarse mediante un enlace de Zoom. Laura se conectó y vio las caras cuadradas; cada una miraba hacia abajo, seguramente leyendo algún segundo chat sobre el nuevo protocolo de trabajo. “Quisiera agradeceros la flexibilidad de estos tiempos”, comenzó Marta, la responsable, sin sombra de ironía. Laura imaginó camaradas en trincheras virtuales, cada uno asomado a su propia ventana digital, haciendo listas de compras y de microtraiciones.

Duración: 04:15

Alguien cuida del jardín
-a / +A

El día comenzaba como una repetición gris para Laura: la luz filtrada a través de la persiana astillada, el murmullo tenue del tráfico y el gorjeo distante del portátil que ya necesitaba un reinicio. Era el tercer lunes del mes, el lunes "de logística", según el calendario de la empresa, aunque logística más bien era la disposición precisa de correos sin leer que debía ignorar antes de poder desviar la vista, culposa, al teléfono. En la pantalla azulada, el grupo de WhatsApp de amigos hervía con mensajes de voz y memes sobre el último desastre viral. En las manos de Laura, el móvil tembló: un mensaje de su hermana, apenas un “Llámame. Es urgente.”

Suspiró, contemplando la planta mustia sobre su escritorio. La oficina, ahora híbrida, estaba en su casa, una manera elegante de decir: tu vida privada y profesional son un mismo pantano. Mientras la cafetera farfullaba en la cocina como un cliente insatisfecho, ella repasó mentalmente la noche anterior: el interminable scroll de redes buscando argumentos para una lucha que ni sabía si le correspondía. ¿Debía opinar? ¿Debía enfrentarse en público a desconocidos rabiosos por causas ajenas? Su corazón palpitaba cada vez que la pantalla mostraba una notificación: había comentarios nuevos en su post. Opiniones sobre una guerra lejana; indignaciones a domicilio.

El otro conflicto le aguardaba en vídeo: la reunión matutina con el departamento de recursos humanos, para discutir "bienestar y conexiones", un recordatorio de que hasta la empatía podía programarse mediante un enlace de Zoom. Laura se conectó y vio las caras cuadradas; cada una miraba hacia abajo, seguramente leyendo algún segundo chat sobre el nuevo protocolo de trabajo. “Quisiera agradeceros la flexibilidad de estos tiempos”, comenzó Marta, la responsable, sin sombra de ironía. Laura imaginó camaradas en trincheras virtuales, cada uno asomado a su propia ventana digital, haciendo listas de compras y de microtraiciones.

Sintió entonces el peso del mensaje de su hermana como una piedra en el estómago. Entre el eco de la charla sobre reducción de costes y la instrucción de “autocuidarse”, salió del encuadre de la webcam. Marcó el número, la línea sonó, y su hermana contestó con un temblor apenas velado. “¿Puedes venir hoy? Mamá ha empeorado.”

En la sala, la reunión seguía sin ella. Apagó el micro y el vídeo, cruzó el pasillo. Una culpa sorda la acompañó cuando cerró la puerta del trabajo, rumbo a la puerta del sufrimiento familiar. En la calle, el sol hería y las sirenas de una ambulancia buscaban otra historia. Tomó el bus mirando por la ventana: dos hombres discutían sobre la guerra, cada uno parapetado tras su mascarilla-semibajada, y más allá una niña arrastraba una maleta azul.

En casa de su madre, el tiempo era otro: la televisión murmuraba noticiarios en blanco y negro sobre inflación, precios y marchas de protesta. Su madre dormía, la hermana la esperaba con un tazón de café aguado y preguntas imposibles. Decisiones de vida o muerte, finanzas multiplicadas por cero, la abuela llamando por WhatsApp al médico que repetía palabras tranquilizadoras y abstractas.

Al volver a casa por la noche, encendió la lámpara de la sala y comprobó, sin querer, si alguien había respondido en su post. Volvieron los mensajes, esta vez sobre otra tragedia. Laura sintió la absurda dualidad: las guerras mundiales peleadas en timeline y los verdaderos campos de batalla reducidos al lecho de su madre, a la sala de reuniones virtual. Encendió una vela para la planta mustia y al hacerlo, besó la tierra con unas gotas de agua, una minúscula tregua, mientras afuera los coches giraban en la rotonda y el mundo pedía, callado, nuevas soluciones para viejos dolores.

Laura se enfundó en la rutina: apagar la luz, cerrar el correo, prometerse dormir sin sueños, no entrar en debates, cuidar sin certidumbre ni victoria a quien tiene al lado. No hubo epifanías ni conclusiones claras, sólo una paz de cartón piedra, sostenida por la certeza mezquina de que, tras el siguiente reinicio del ordenador, todas las guerras —grandes y pequeñas— seguirían allí esperando, ordenadas y resplandecientes como nuevas actualizaciones por instalar.

Tras la puerta
Black Bird Academy: Amor a la muerte
El Archivo de las Tormentas (estuche con los tres volúmenes)
Fantasía Urbana con Romance Paranormal y Almas Destinadas a estar Juntas
De sangre y cenizas. Edición especial limitada. Romance paranormal.
Saga completa en castellano. Edición limitada.: 1-6 (Saga Blackwater)

Copyrights © 2025 Ficcionalia.com. Todos los derechos reservados.

Ofertas Amazon: En calidad de Afiliado de Amazon, obtengo ingresos por las compras adscritas que cumplen los requisitos aplicables.