Alchemised: No queda nadie a quien salvar
Saga completa en castellano. Edición limitada.: 1-6 (Saga Blackwater)
Fantasía Urbana con Romance Paranormal y Almas Destinadas a estar Juntas
Cuando las dríades se mezclan con los hombres, la pasión muta...
Edición limitada de la novela Anatema.
Tras la puerta
Portada del relato La Herencia de las Sombras
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Fragmento:


Había aprendido, desde los primeros días de mi niñez en el umbral de la vieja villa junto a los castaños, que el tiempo se desliza como el agua sobre mármol, erosionando la majestuosidad de los grandes hasta convertirla en polvo de leyenda. Mi padrino —un hombre obsesionado con el poder y la memoria— repetía, con voz grave, que solo quien escribe la historia gobierna el porvenir. Allí, entre tapices y corazas, donde las conversaciones murmuradas eran tan importantes como los decretos imperiales, sentí el peso doble de la grandeza y de la vigilancia.

Duración: 04:35

La Herencia de las Sombras
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Había aprendido, desde los primeros días de mi niñez en el umbral de la vieja villa junto a los castaños, que el tiempo se desliza como el agua sobre mármol, erosionando la majestuosidad de los grandes hasta convertirla en polvo de leyenda. Mi padrino —un hombre obsesionado con el poder y la memoria— repetía, con voz grave, que solo quien escribe la historia gobierna el porvenir. Allí, entre tapices y corazas, donde las conversaciones murmuradas eran tan importantes como los decretos imperiales, sentí el peso doble de la grandeza y de la vigilancia.

Mi familia se entrelazaba con la sangre y los destinos de Roma. Eramos herederos de nombres pronunciados en el Senado, descendientes de generales cuyas campañas aún eran tema de debate entre hombres de túnica púrpura. El apellido era un escudo brillante y, a la vez, un grillete dorado. Aprendí a leer la codicia en los ojos de los parientes, a interpretar las sonrisas sutiles y la ira reprimida detrás de los saludos ceremoniosos.

El heredero debe ser cauteloso, repetía mi madre. Ella, hija de un cónsul caído en desgracia, me contaba historias que no aparecían en los archivos palaciegos. Sabía que la virtud es una máscara, y que las acciones verdaderas se cometen en la penumbra, cuando el cónclave familiar huele a vino dulce y sudor de temor. Nunca me amedrentó la cercanía del peligro, porque, al igual que todos los nacidos en los márgenes del poder, supe pronto que el camino hacia la permanencia es un tapiz de traiciones cuidadosamente tejidas.

En mi juventud contemplé la ciudad desde el Palatino y creí descifrar el espíritu de Roma en la neblina matutina abrazando los foros. A los dieciséis, mi vínculo con el poder se selló en una ceremonia fría como el mármol que dominaba el templo de Júpiter: allí, entre miradas pesadas y el eco distante de discursos, juré lealtad a una causa que no era enteramente mía. Desde entonces, la realidad se volvió transacción, cada amistad una promesa oculta, cada alianza, una pregunta abierta: ¿quién traicionará primero?

Crecí bajo el imperio de hombres fatigados por la gloria. Conocí los modales de los generales, escuché el crujir de sandalias sobre los mosaicos húmedos después de la lluvia. Compartí la mesa con mujeres que tejían intrigas entre risas, pupilas brillando por secretos compartidos. Aprendí de los griegos las virtudes de la palabra bien colocada, del estoicismo de Séneca la importancia del silencio.

Vi caer a los grandes en medio del estrépito de sus propias aspiraciones. Los dioses de mi infancia, robustos y envidiados, se convirtieron en sombras famélicas ocultas tras cortinas, suplicando clemencia a los jóvenes lobos que habíamos llegado a sustituirlos. Algunos buscaron la redención en el destierro, otros trataron de comprar la eternidad a fuerza de donaciones a templos corroídos por la corrupción.

Una figura dominó aquella década: Lucio Cornelio, mi tío y, por años, mi adversario silencioso. Su ambición era un secreto a voces. Decían que dormía con un puñal debajo de la almohada y que nunca repetía dos veces la misma mentira de la misma manera. Cuando la plaga asoló a la ciudad, fue él quien aprovechó la desesperación para comprar votos y conciencias. Yo observaba, aprendiendo a distinguir cuándo el miedo es un pretexto y cuándo una confesión anticipada.

Sus banquetes eran escenarios de concursos de ingenio más feroces que cualquier combate de gladiadores. Allí, las palabras eran dardos, y solo los insensatos ignoraban los efectos letales de una frase afilada. Vi cómo reyes y emisarios extranjeros se inclinaban ante su sonrisa lobuna, ignorando que en Roma el favor es tan temporal como el buen tiempo en las colinas del Lacio. Fui testigo de cómo el poder y la memoria se entrelazan: solo los recuerdos cuidadosamente administrados pueden sostener un imperio cuando la espada ya no intimida.

Durante veinte años serví a causas cruzadas, experimenté la confianza y la traición, amé y perdí cuerpos y rostros ya borrosos en la bruma del pasado. Mi vida se convirtió en una sucesión de decisiones en habitaciones cerradas: el olor a cera derretida, a papiros húmedos y sudor nervioso, acompañando siempre los pactos inconfesables de la clase dirigente.

Fui testigo de un último acto: la caída de Lucio Cornelio. Lo vi enfrentarse a los jóvenes que lo habían admirado y ahora deseaban su posición. Fue una caída sorda, como el desplome de una columna vieja en la penumbra de un templo abandonado. Al final, sólo quedábamos nosotros, los supervivientes, mirando nuestras propias manos, preguntándonos cuánto de nosotros había desaparecido en el juego de lealtades cambiantes.

Aprendí, demasiado tarde quizá, que la única ambición duradera es la de ser recordado. Los nombres tallados en mármol palidecen, las historias contadas en secreto se hinchan y contraen hasta convertirse en mitos que ya no nos pertenecen. Hoy, escribo estas líneas en la penumbra, consciente de que la memoria es el último refugio, y que quizá el mayor logro de nuestras vidas no es haber gobernado, sino haber sobrevivido para contar la verdad oculta tras la fachada de la historia.

Alchemised: No queda nadie a quien salvar
Saga completa en castellano. Edición limitada.: 1-6 (Saga Blackwater)
Fantasía Urbana con Romance Paranormal y Almas Destinadas a estar Juntas
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