Powerless (edición especial limitada)
Hay algo malo en casa
Pack Harry Potter - La serie completa
Taquión: El Planeta: Ciencia ficción dura
Tras la puerta
La niñera
Portada del relato Tempestad en los Valles Perdidos
Sin valoraciones
  Leer   Escuchar   PDF   ePub   Compartir

Fragmento:


Cuando Thomas regresó al pueblo de Basilwood, no era el mismo chico que había cruzado la verja oxidada quince años atrás. Llevaba la barba crecida, las manos firmes y un set de cicatrices, cada una con su propia historia escrita en la piel. Bajo el cielo opalino de la mañana, descubrió que los caminos seguían igual de desparejos pero que los sueños de juventud, esos que se esconden tras los bucles de una verja olvidada, solo se vuelven más insistentes, no más sabios.

Duración: 04:52

Tempestad en los Valles Perdidos
-a / +A

Cuando Thomas regresó al pueblo de Basilwood, no era el mismo chico que había cruzado la verja oxidada quince años atrás. Llevaba la barba crecida, las manos firmes y un set de cicatrices, cada una con su propia historia escrita en la piel. Bajo el cielo opalino de la mañana, descubrió que los caminos seguían igual de desparejos pero que los sueños de juventud, esos que se esconden tras los bucles de una verja olvidada, solo se vuelven más insistentes, no más sabios.

El motivo de su regreso era una carta, con pluma temblorosa y el olor a violetas secas que solo su tía Margaret podía imprimir en el papel. Más que palabras, la carta llevaba una promesa: “Ha llegado el momento, Thomas. El Valle Antiguo despierta. Te necesitamos.”

Apenas puso un pie en la finca familiar—al final de la colina, donde los robles bailaban con el viento—la atmósfera cambió. El aire vibraba con una electricidad sutil, el calendario de las estaciones arremolinado en corrientes invisibles. Nadie le miró a los ojos en su primer paseo al mercado, pero los susurros viajaban tan rápido como las hojas secas a sus pies.

Margaret lo esperaba entre frascos de cristal, atados con cintas de colores desvaídos. Sus manos de porcelana temblorosa dejaron caer una moneda dorada en su palma, un relicario de la familia. “El laberinto se ha movido,” le dijo. “Y la entrada no será lo único que tendrás que encontrar.”

Las historias del Valle Antiguo eran parte del folclore local: niños que soñaban con bestias de humo, hombres que desaparecían en las madrugadas y sendas que sólo se abrían con la luna en cuarto menguante. Pero Thomas había visto cosas que otros solo intuían: sombras rasgando la realidad, puertas abiertas a lugares de imposibilidad tangible.

Esa noche, al calor de una infusión ambarina, Margaret le habló del juramento familiar: los navegantes del laberinto no eran guardianes, sino deudores. “Cada generación debe enfrentar su propio reflejo. A veces, el laberinto te muestra el monstruo. Otras, el monstruo eres tú.”

Thomas inspeccionó el relicario: grabados de relámpagos y racimos de uvas; palabras antiguas en idiomas mezclados; una piedra azul encajada en su centro, vibrando con un latido sigiloso. El mapa del laberinto, supo en ese instante, no era de papel sino de intención.

Al filo de la medianoche, cruzó la verja. El aire se espesaba, se llenaba de un rumor de promesas rotas y posibles victorias. Las zarzas cedieron al contacto con el relicario, y donde antes hubo solo maleza, un sendero de bruma se abrió bajo sus pasos.

Al principio, el laberinto parecía un juego de cornisas y arcos verdes. Pero la arquitectura del lugar iba deformándose a medida que Thomas avanzaba, ajustándose a sus miedos y recuerdos: un pasillo de madera podrida que olía a la casa de su infancia, un pozo en cuyo fondo titilaba la memoria de un padre ausente, una cornisa donde susurros le tentaban todo el tiempo con la nostalgia de rendirse.

En la tercera rotunda, una sombra humana lo esperó, de espaldas a la luz vacilante de los hongos fosforescentes. “¿Buscas salida o revelación?”, preguntó una voz que era todas las voces de su vida: la de su madre, su hermana, su propio reflejo cuando el cansancio lo enmudecía. Thomas respondió, casi sin pensarlo: “Ambas. No puedo avanzar sin entender qué soy aquí.”

La sombra se separó del muro y, en el umbral, puso en la mano de Thomas una llave fría y liviana. “No olvides tu deuda, ni el precio de la curiosidad. Una vez dentro, nunca se sale siendo igual.”

El siguiente corredor olía a tormenta: cada paso hacía chisporrotear la piedra bajo sus botas. Sobre él, una red de símbolos iluminados se desplegaba en los techos—advertencias o letanías, imposible saberlo. El relicario vibró: la piedra azul destiló un fulgor que, por un instante, permitió a Thomas ver el verdadero corazón del laberinto. No era un centro ni un final, sino un cruce de caminos, donde cada dirección era una elección, y toda elección traía consigo una sombra.

Recordó los últimos susurros de Margaret: “Debes elegir con qué parte de ti mismo salir de aquí.” Entonces Thomas entendió. El Valle Antiguo no buscaba héroes; buscaba honestidad, coraje brutal, esa que corta antes de sanar.

Frente a una puerta de bronce, usó la llave de la sombra. El bronce chirrió, liberando un aire denso, y un torrente de relámpagos danzó sobre las paredes. Los monstruos que había temido toda su vida se arremolinaron: no tenían forma concreta, pero portaban nombres familiares—Culpa, Orgullo, Renuncia, Deseo. Cada uno intentó tentarlo, arrancar de él lo que una vez fue joven y soñador.

“No he venido a negociar,” susurró Thomas, “he venido a ver, a recordar, y a reclamar mi herencia.”

Cruzó el umbral.

A la mañana siguiente, el pueblo despertó bajo una luz renovada. Thomas, con el relicario muerto en la mano y la sombra de un trueno a sus espaldas, abandonó la verja. Nadie preguntó qué vio en el laberinto. Pero desde entonces, los caminos se mostraron menos hostiles, el horizonte más amplio, y las leyendas del Valle Antiguo adquirieron un nuevo final: uno donde la aventura no consiste solo en derrotar monstruos, sino también en hacer las paces con lo que uno halla en el espejo—y aún así, volver a atravesar la verja, una y otra vez.

Powerless (edición especial limitada)
Hay algo malo en casa
Pack Harry Potter - La serie completa
Taquión: El Planeta: Ciencia ficción dura
Tras la puerta
La niñera

Copyrights © 2025 Ficcionalia.com. Todos los derechos reservados.

Ofertas Amazon: En calidad de Afiliado de Amazon, obtengo ingresos por las compras adscritas que cumplen los requisitos aplicables.