Powerless (edición especial limitada)
Cuando las dríades se mezclan con los hombres, la pasión muta...
Viaje Sin Retorno: (El Proyecto Orfeo, Libro1)
El Archivo de las Tormentas (estuche con los tres volúmenes)
Trilogía de libros de bolsillo Dímelo
Hay algo malo en casa
Portada del relato La sinfonía de los espejos rotos
Sin valoraciones
  Leer   Escuchar   PDF   ePub   Compartir

Fragmento:


El relojero hizo un gesto a Sebastián. Era su momento. Años atrás, había sido construido—más que nacido—para ser una marioneta. Sus hilos, invisibles, ligados al capricho del hambre ajena: cada noche, un destino diferente, una voluntad impuesta a través de la urdimbre del tiempo. Ahora, rebelándose contra sus hacedores, Sebastián ansiaba reescribir la partitura de su existencia.

Duración: 04:20

La sinfonía de los espejos rotos
-a / +A

La ciudad nunca duerme del todo. Por las arterias doradas de las avenidas fluyen automóviles, voces perdidas y los pasos arrastrados de los desesperados. Es en estas horas de penumbra húmeda cuando los relámpagos de las farolas crean reflejos imposibles sobre el asfalto erosionado y los ecos de siglos antaños resuenan en los rincones. Sebastián lo supo al cruzar el umbral de la vieja tienda de relojes. Un olor a engranajes viejos y aceite seco impregnaba el aire. La tienda había estado allí más tiempo del que cualquier memoria humana podía abarcar, sus paredes saturadas por la marea del tiempo.

El dueño, un hombre menudito con gafas bifocales y dedos amarillentos, lo observó en silencio, como si midiera cada segundo de su vida con la precisión de los mecanismos que custodiaba. Sebastián acudía movido por una inquietud sorda, una pulsante certeza de que la hora de su libertad estaba próxima. Porque no era humano, ni completamente otra cosa; era un esclavo de los instintos ajenos, un títere que sólo deseaba cortar sus hilos.

Cuando ocurrió por primera vez, el desgarro en la continuidad cronológica fue tan sutil que la ciudad ni lo notó. Una sombra cruzó frente a la luna, y una mujer—o algo casi mujer—entró en la tienda. Llevaba consigo la fragancia acre del hierro, y en sus ojos la palidez de la angustia perpetua. En la ciudad circulaba la leyenda de los que se alimentan en la oscuridad, pero sus terrores modernos ya casi no creían en vampiros. La mujer no buscaba sangre, sino un escape. Había sido testigo y partícipe de tantos pasados que el tiempo para ella había perdido sentido.

"Busco un reloj," dijo, su voz un aleteo de murciélago. "Uno que me devuelva a cuando todavía podía elegir".

El relojero hizo un gesto a Sebastián. Era su momento. Años atrás, había sido construido—más que nacido—para ser una marioneta. Sus hilos, invisibles, ligados al capricho del hambre ajena: cada noche, un destino diferente, una voluntad impuesta a través de la urdimbre del tiempo. Ahora, rebelándose contra sus hacedores, Sebastián ansiaba reescribir la partitura de su existencia.

Giró la perilla de la gran caja-musical antigua. Las notas flotaron en el aire, una melodía desgarradoramente hermosa y triste. El tiempo se plegó con cada compás y Sebastián sintió la presión de todos los presentes y futuros alternativos bullendo en su pecho de madera y venas de cobre.

La vampiresa extendió la mano. "¿Eres tú el precio o la puerta?"

"Ambas cosas", respondió él, su voz trémula.

Detrás, la ciudad susurraba secretos, los neones parpadeaban como venas palpitantes. Sebastián vio los siglos desfilar en la mirada espectral de la mujer. Era la hija de una era tan pretérita que casi ninguna palabra le quedaba para nombrar sus recuerdos. Condenada a una repetición eterna: cazadora—presa—monstruo—víctima. ¿No era él lo mismo? Siempre danzando al compás de los deseos de sus titiriteros.

Pero hoy el relojero había introducido un nuevo engranaje, uno que permitía a Sebastián soltar un hilo por vez. Sintió los tirones cuando uno tras otro, los mandatos se disolvían; ya no obedecía, por vez primera tenía voluntad.

"Déjame ser tu reflejo," propuso él. "Si cruzas conmigo, ambos tendremos opción".

La vampiresa aceptó. Sebastián giró la última manivela y la realidad onduló. Calles se trenzaron, historias se cruzaron. Por un instante en la eternidad, la ciudad fue sólo niebla y luz, y en el centro, dos fugitivos de su propio destino. En la grieta del tiempo, Sebastián no era marioneta, ni la mujer era bestia hambrienta. Se miraron en los espejos invisibles de la dimensión fracturada.

Quizás nadie los recordaría. Las leyendas se filtrarían entre los restos del amanecer: un vampiro que dejó de alimentarse y una marioneta sin hilos, perdidos en la música quebrada de la ciudad. Los relojes continuaron midiendo los segundos vacíos. Afuera, los habitantes seguirían creyéndose libres, ajenos a la lucha a muerte entre el tiempo y la voluntad.

Pero en los bordes de la ciudad, la noche a veces canta una melodía extraña, y los espejos rotos reflejan sombras que no corresponden. Y a veces, muy de vez en cuando, alguien siente un tirón, un instante de elección espontánea, y se pregunta si no habrá sido elegido, acaso, para dejar de ser simplemente espectador.

Powerless (edición especial limitada)
Cuando las dríades se mezclan con los hombres, la pasión muta...
Viaje Sin Retorno: (El Proyecto Orfeo, Libro1)
El Archivo de las Tormentas (estuche con los tres volúmenes)
Trilogía de libros de bolsillo Dímelo
Hay algo malo en casa

Copyrights © 2025 Ficcionalia.com. Todos los derechos reservados.

Ofertas Amazon: En calidad de Afiliado de Amazon, obtengo ingresos por las compras adscritas que cumplen los requisitos aplicables.