Saga completa en castellano. Edición limitada.: 1-6 (Saga Blackwater)
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Fragmento:


“Mi nombre es Samuel,” dijo al pagar, pronunciando su nombre casi como una disculpa. Ella extendió la bolsa y sus dedos se tocaron brevemente, apenas una chispa quieta, pero suficiente para que ambos fingieran no darse cuenta.

Duración: 03:36

Cuando llueve en abril
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El timbre de la librería sonó con su música solitaria y metálica justo cuando Claire estaba archivando un nuevo lote de novelas románticas. No solía haber clientes a esas horas de la tarde, mucho menos en un día en que la lluvia golpeaba inclemente el cristal del ventanal. Alzó la vista con la expectativa tranquila de quien ama la rutina más que la sorpresa, y, sin embargo, no pudo evitar sonreír cuando lo vio, mojado, despeinado, casi fuera de lugar entre los estantes prolijos: un desconocido con un libro bajo el brazo y las manos temblando levemente.

Su abrigo goteaba formando un pequeño charco, pero parecía no importarle. Claire reconoció en sus ojos el desamparo de alguien que busca refugio, no solo del temporal, sino quizá de algo más antiguo, más íntimo. Él ladeó una sonrisa, de esas que se ven poco en la ciudad, y preguntó con una voz grave que se quedó flotando en el aire como una brisa: “¿Tienes algo para alguien que ha olvidado cómo se ama?”

La pregunta le pareció tan humana que la dejó sin habla por un segundo. Fue a la sección de poesía, le mostró a Rilke, a Neruda, a Cohen y, al final, eligió para él un libro pequeño, de cubierta azul, que contenía cartas de amor escritas durante la guerra. Él la miró como si no creyera que eso, tan pequeño, pudiera pesar más que la lluvia.

“Mi nombre es Samuel,” dijo al pagar, pronunciando su nombre casi como una disculpa. Ella extendió la bolsa y sus dedos se tocaron brevemente, apenas una chispa quieta, pero suficiente para que ambos fingieran no darse cuenta.

Pasaron las semanas y Samuel regresaba. A veces traía un nuevo libro para recomendar, a veces venía solo por un café y una conversación fugaz en la terraza trasera, donde las plantas trepaban y perfumaban el aire de menta y albahaca. Entre poema y poema, entre relato y confesión, los silencios entre ambos se llenaron de una tensión dorada, casi eléctrica, que ninguno se atrevía a descifrar.

Claire, que llevaba años escondida tras los libros, empezó a buscar motivos para reírse más fuerte, para rozar por descuido la mano de Samuel cuando alargaban juntos un tomo en la estantería alta. Samuel, por su parte, comenzó a recoger paraguas de colores, para dejarle uno nuevo cada vez que llovía, con una pequeña nota escondida en el mango: “He pensado en ti cada vez que la ciudad era un mar.”

Una de esas tardes húmedas, la librería se quedó sin luz por un apagón. El mundo fuera era solo sombras y faroles desenfocados. Samuel, sin decir palabra, la tomó de la mano y la llevó a la sección de álbumes ilustrados. Allí, la besó, primero como una pregunta, y después como una historia entera.

A partir de entonces la rutina cambió. Las mañanas empezaban con una carta bajo la puerta; las noches, con el eco de sus voces leyendo en la cama compartida. Descubrieron el lenguaje secreto de las miradas, el coraje en la vulnerabilidad, la belleza de confesar los miedos entre sábanas arrugadas.

Pasaron meses hasta que Samuel, con la torpeza típicamente masculina de quien nunca aprendió a decir lo que siente, le regaló la novela por la que Claire había suspirado en voz baja. “Prometí que te daría todos los finales felices de los libros que encontrara,” dijo, agachando la mirada.

Claire lo besó – luminosa, cierta – y supo que los dos, como los versos que leían juntos, llenarían de sentido el tiempo entre los relojes. La ciudad, bajo la lluvia o el sol, ya no era un lugar de paso, sino el escenario de una intimidad construida letra a letra, silencio a silencio, hasta que la vida pareciese por fin, aunque solo por un momento, perfectamente escrita.

Saga completa en castellano. Edición limitada.: 1-6 (Saga Blackwater)
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