Dire Bound. Alma de lobo
Trilogía de libros de bolsillo Dímelo
Pack Harry Potter - La serie completa
Alchemised: No queda nadie a quien salvar
MEMENTO MORI: Las Tumbas
El Archivo de las Tormentas (estuche con los tres volúmenes)
Portada del relato El bosque de la mirada prohibida
Sin valoraciones
  Leer   Escuchar   PDF   ePub   Compartir

Fragmento:


En los albores de un tiempo donde las sombras todavía bailaban libres entre las llanuras de Arcadia, vivía un hombre nombrado Echedor, célebre por la belleza grave de su voz pero más aún por la inquietud insaciable que le roía el corazón. Hijo de un mortal y de una ninfa de los lagos, Echedor sentía la sed insaciable de cruzar los límites impuestos por dioses y hombres.

Duración: 03:46

El bosque de la mirada prohibida
-a / +A

En los albores de un tiempo donde las sombras todavía bailaban libres entre las llanuras de Arcadia, vivía un hombre nombrado Echedor, célebre por la belleza grave de su voz pero más aún por la inquietud insaciable que le roía el corazón. Hijo de un mortal y de una ninfa de los lagos, Echedor sentía la sed insaciable de cruzar los límites impuestos por dioses y hombres.

Una noche de solsticio, cuando el velo entre mundos podía rasgarse, Echedor deambuló al pie de un monte cubierto de espeso ciprés, donde el aire olía a resina y a promesa. Allí oyó cantos, no de mujeres mortales ni de aves del alba, sino de seres que tejían su deseo en melodía pura, disolviendo la voluntad de cualquiera que escuchara. Echedor, advertido por la sangre de ninfa que recorría sus venas, percibió inmediatamente la naturaleza de aquel coro: las Bacantes, servidoras de Dionisio, se hallaban en éxtasis prohibido.

El deseo creció en Echedor como la marea sube bajo la luna. Temeroso y fascinado, se ocultó tras un tronco para espiar el ritual. Las Bacantes giraban, desnudas bajo la túnica rasgada del crepúsculo, con coronas de hiedra y vino deslizándose entre sus labios, invocando a los dioses menores de la noche y la fertilidad. Dionisio no estaba presente, pero su espíritu impregnaba el claro.

De pronto, sus danzas se detuvieron. El círculo se abrió y, en el centro, una de ellas, Meléa, lo miró fijamente. Sus ojos reflejaron la inquietud de Echedor: ambos reconocieron en el otro la chispa prohibida de desear lo intangible. Las Bacantes, al captar la intrusión, no gritaron ni huyeron; era su ley que el testigo debía integrarse o no volver a ver la luz.

Meléa se acercó con pasos de agua y niebla, tomando la mano de Echedor. Le susurró un secreto: “Esta noche no existe para los dioses ni los hombres, sólo para los que se atreven a rozar lo inalcanzable.” Echedor aceptó, y su sombra fue devorada por la ronda ancestral.

El ritual prosiguió, y Echedor fue llevado por las Bacantes a una fuente oculta en el corazón del bosque. Allí, sobre una roca sagrada, fue ungido con aceites aromáticos y, uno por uno, sus ropajes cayeron, como si el tiempo lo desnudara de sí mismo. Entonces Meléa lo besó, y de aquel beso emergió un torrente de visiones.

Vio caravanas de dioses antiguos pereciendo, vio el vino brotando de la tierra sin manos mortales que lo cultivaran, vio la ley del goce y del dolor entretejidas en una sola trenza: supo, fugaz e irremediablemente, que la frontera entre la noche mística y los días del hombre yace en la entrega, en el riesgo, en la abolición de la vergüenza.

La pasión se desbordó entre los arbustos de ciprés y la carne se hizo canto. Las Bacantes, ebrias del perfume de su piel y de la promesa de lo vedado, iniciaron a Echedor en todos los placeres terrestres y ultraterrenos, enseñándole los nombres olvidados de los dioses caídos y los delirios de la carne poseída por el espíritu.

Pero tales dones no son gratuitos. Cuando el alba comenzó a disolver la tiniebla, Meléa, ahora radiante y terrible, reveló el precio: cada beso que Echedor diera a partir de esa noche robaría un recuerdo de su propia vida, hasta que, al fin, la memoria de quién fuera se desvanecería, quedando sólo la sombra que ahora danzaba entre los cipreses con las Bacantes.

Echedor, amando la tragedia de saberlo, aceptó. Vagó por toda Grecia, amante inagotable, buscador de placeres, siempre olvidando lo que más amaba con cada goce alcanzado. Y cuentan que, al final, cuando el último recuerdo huyó de su ser, su voz grave y bella quedó flotando entre los árboles de Arcadia, consagrada para siempre como eco en la noche: un canto sin dueño, el murmullo de la pasión y el olvido entre los dioses y los hombres.

Dire Bound. Alma de lobo
Trilogía de libros de bolsillo Dímelo
Pack Harry Potter - La serie completa
Alchemised: No queda nadie a quien salvar
MEMENTO MORI: Las Tumbas
El Archivo de las Tormentas (estuche con los tres volúmenes)

Copyrights © 2025 Ficcionalia.com. Todos los derechos reservados.

Ofertas Amazon: En calidad de Afiliado de Amazon, obtengo ingresos por las compras adscritas que cumplen los requisitos aplicables.