De sangre y cenizas. Edición especial limitada. Romance paranormal.
Ellos me quieren encontrar, pero yo los encontrare primero.
Cuando las dríades se mezclan con los hombres, la pasión muta...
El Archivo de las Tormentas (estuche con los tres volúmenes)
Powerless (edición especial limitada)
La grieta del silencio
Portada del relato Tras la ventana del anexo
Sin valoraciones
  Leer   Escuchar   PDF   ePub   Compartir

Fragmento:


Me llamo Annelies Marie Frank. Nací el 12 de junio de 1929 en Frankfurt, Alemania. Crecí en una familia judía acomodada. Mi padre, Otto Frank, era un hombre culto, sensible y comprensivo; mi madre, Edith, una mujer tierna pero atormentada por la inquietud, y mi hermana Margot, tres años mayor, con su bondad discreta y su inteligencia apacible. Mi infancia fue una sucesión de juegos y tranquilidad, interrumpida sólo por la sombra creciente del terror que acechaba a Europa.

Duración: 05:06

Tras la ventana del anexo
-a / +A

Me llamo Annelies Marie Frank. Nací el 12 de junio de 1929 en Frankfurt, Alemania. Crecí en una familia judía acomodada. Mi padre, Otto Frank, era un hombre culto, sensible y comprensivo; mi madre, Edith, una mujer tierna pero atormentada por la inquietud, y mi hermana Margot, tres años mayor, con su bondad discreta y su inteligencia apacible. Mi infancia fue una sucesión de juegos y tranquilidad, interrumpida sólo por la sombra creciente del terror que acechaba a Europa.

Recuerdo, como si el frío pudiera hacer eco en mis huesos, los días en que la normalidad empezaba su retirada, lenta y sigilosa. Mis padres discutían en voz baja, preocupados porque los nazis ganaban poder y los judíos eran relegados, marginados, despojados uno a uno de sus derechos. Cuando Hitler ascendió al poder en 1933, nos mudamos a Ámsterdam, esperando arrancarnos la raíz del peligro. Allí, mi padre trabajó duro para rehacer nuestras vidas, confiando en que la razón y la bondad humana nos protegerían.

Al principio, la vida en los Países Bajos me pareció brillante y llena de promesas. Me sumergí en la escuela—amaba leer, tenía amigos, y soñaba con los primeros amores. Sin embargo, poco a poco, los tentáculos del odio alcanzaron también nuestra nueva patria. Leyes restrictivas. Listas negras. Miradas incómodas en la calle. El miedo penetraba a través de cada rendija, y en ese nuevo orden yo pasaba de niña curiosa a reflejo azorado en el escaparate del destino.

Todo cambió el 6 de julio de 1942. La notificación para que Margot se presentara en un campo de trabajo fue el último empujón que necesitábamos para desaparecer. Entramos en la clandestinidad, dejando atrás fotos, amigos, libros, sol. Nos ocultamos en un anexo secreto, con otra familia, los Van Pels, y más tarde se nos uniría el dentista Fritz Pfeffer. El espacio era angosto, los muros transpiraban ansiedad y la idea de ser descubiertos era una niebla constante sobre nuestras cabezas. Comenzó así la vida en el refugio: el encierro voluntario para sobrevivir.

Durante esos días suspendidos, cuando la luz era escasa y la esperanza más escasa aún, mi Diario se volvió mi confidente. Escribía porque necesitaba entender mi propio miedo, la nostalgia punzante por la libertad perdida, el resentimiento hacia mi madre, la admiración silenciosa hacia Margot, el cariño y la incomprensión hacia los adultos que nos rodeaban, el amor inexperto hacia Peter, el hijo de los Van Pels. La tinta fue mi salvación y mi rebelión. En esas páginas relaté el hambre. La rutina aplastante. Las discusiones por comida, por el ruido, por la necesidad de sentirse vivo sin llamar la atención.

La vida diaria se sostenía en un equilibrio precario: pasos amortiguados, cortinas cerradas, susurros durante el día, tensión en cada sonido. Pero también existían destellos de ternura: la lectura de libros prohibidos, las miradas cómplices con Margot, el brillo inesperado de una risa en medio de la desesperanza. Las noticias de fuera llegaban con los que nos protegían, ese puñado de neerlandeses valerosos que arriesgaron todo por nosotros; sin ellos, la penumbra hubiese sido absoluta.

Experimenté la adolescencia en un reino amurallado de miedo. Dejé de ser niña en ese escondite, entre la guerra y las dudas, con la vida y la muerte tan cercanas que la imaginación era mi único refugio. Reflexionaba sobre el dolor, la injusticia, la culpa por tener aún ilusiones mientras afuera el mundo se desmoronaba y morían tantos inocentes por nada, por una idea, por odio.

Pero aún entre la sombra y la incertidumbre, mantenía firme la creencia en la bondad esencial de las personas. Escribía que, a pesar de todo, creía en la belleza del mundo. Soñaba con volver a andar por las calles, acariciar al viento, amar, escribir, estudiar. Quería ser periodista, escritora; sentía que la palabra podía trascender hasta el más oscuro rincón de la humanidad.

Y sin embargo, la libertad llegó inesperadamente, pero no como yo la imaginé. El 4 de agosto de 1944, nuestra puerta quedó violentamente abierta. La Gestapo nos descubrió, y el silencio se transformó en el estrépito de botas y voces extranjeras. Nos llevaron primero a la comisaría de Ámsterdam, luego a Westerbork, y más tarde, en septiembre, al infierno de Auschwitz. En ese mundo de ceniza y alambre, Margot y yo fuimos separadas de nuestros padres, y el frío se volvió aún más cruel.

En Bergen-Belsen, donde fui finalmente recluida, la desesperación era lo único que podía respirarse. El hambre y la enfermedad eran dueños de todo. Vi morir a mi hermana. Sentí la vida abandonarme, sorbo a sorbo, aferrándome sólo al consuelo de mis recuerdos y mis sueños.

De los ocho refugiados del anexo, sólo mi padre sobrevivió. Él halló mi Diario, lo publicó, y así mis palabras, nacidas en la oscuridad, salieron al sol.

Hoy, mis recuerdos siguen resonando. El eco de mi voz escrita recorre aulas y bibliotecas, despierta conciencias y sacude los cimientos de un mundo que, a veces, parece olvidarse del horror. Espero que mi historia haga arder la chispa de la compasión; que el sufrimiento no se repita; que la niña detrás del silencio no se pierda nunca en la memoria de la humanidad.

De sangre y cenizas. Edición especial limitada. Romance paranormal.
Ellos me quieren encontrar, pero yo los encontrare primero.
Cuando las dríades se mezclan con los hombres, la pasión muta...
El Archivo de las Tormentas (estuche con los tres volúmenes)
Powerless (edición especial limitada)
La grieta del silencio

Copyrights © 2025 Ficcionalia.com. Todos los derechos reservados.

Ofertas Amazon: En calidad de Afiliado de Amazon, obtengo ingresos por las compras adscritas que cumplen los requisitos aplicables.